sábado, 12 de noviembre de 2016

Don Fernando Angli Lara, campechano de excepción



Faltaría a la verdad si me atreviera a precisar el momento y la forma en que lo conocí, lo que resulta incuestionable es que fue en uno de los primeros pisos del Edificio de los Poderes, ahí por los años sesenta, cuando el inmueble era todavía una novedad para los campechanos y para no pocos visitantes. El huésped principal del edificio y gobernador del estado, era el profesor, abogado y coronel José Ortiz Ávila, alguna vez presente en una de nuestras colaboraciones.
Lo cierto es que al personaje, Don Fernando Enrique Angli Lara, jamás me lo encontré o lo saludé en otro lugar que no fuera su oficina, en la que despachaba asuntos laborales como funcionario honesto al servicio de la clase trabajadora. Eran tiempos en los que los servidores de los asalariados, eran tan sencillos y a veces tan pobres y modestos como ellos mismos. Los tiempos han cambiado, y mucho, por supuesto.
Todas las veces, o la mayor parte de ellas, se encontraban a su lado en amena charla dos personas especiales a las que si las circunstancias lo permiten y sus familiares apoyan, me referiré en otras colaboraciones: Don Miguel Pinto, de quien no recuerdo su segundo apellido, aunque muy claramente su apodo: “El Carretero Filósofo” y, “tu paisano chenero”, así me lo presentó Don Fernando. Otro presente,  caballero por los cuatro costados, Don Joaquín “Huachito” Cuevas, un personaje de siempre para el escribidor.
Don Fernando Enrique Angli Lara, según sus biógrafos, que no lo soy, anticipando una disculpa por el uso tal vez injustificado de la frase retórica, vio la luz primera y pagó el obligado tributo a la naturaleza en su amada ciudad natal, Campeche, el quince de enero de mil ochocientos noventa y siete el primero, y el veintiuno de junio de mil novecientos setenta el segundo.
La educación elemental, la secundaria y la normal las realizó en Campeche; la última etapa en el Benemérito Instituto Campechano. En el mismo Instituto realizó su primer trabajo docente. Un dato curioso es que el entonces Secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, alumno alguna vez del egregio colegio como cita en su “Ulises Criollo”, reconoció la calidad docente de la Institución, a la que comparó con los mejores colegios de Estados Unidos y Europa.
El asunto no podía quedar en palabras y en reconocimientos, así, el también ex rector de la Universidad Autónoma de México, otorgó al benemérito colegio un subsidio federal de cincuenta mil pesos anuales, cifra enorme en esa época. Por sus elevados méritos y su reconocida honradez acrisolada, el maestro Angli Lara formó parte del consejo de educación que administrara tan importantes fondos.
La normal rural de Hecelchakán, instalada por órdenes del Presidente Lázaro Cárdenas, tuvo al profesor Angli como uno de sus más señalados fundadores y nobles defensores de las causas sociales, al lado de Don Juan Pacheco Torres, primer director y líder más fervoroso. Una cita histórica: el director de la escuela, Don Fernando y otros dos alumnos, escribieron el bello himno normalista, aquel que dice: “Normalistas trabajar es la misión, que redime, que salva y ennoblece; con la labor el entusiasmo crece, de salvar a la patria y la nación…”.
Vigoroso orador en la campaña de “El Tata”, la vida laboral de Don Fernando incluyó altos cargos en la administración pública, tales como Secretario del Ayuntamiento de Campeche, diputado federal, agente general de la Secretaría de Agricultura y Fomento en Yucatán, Oficial Mayor de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (ahí coincidió con “El Carretero Filósofo”).
También director del penal de las Islas Marías, Presidente de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje en Yucatán, y también en Campeche, (ahí precisamente se dio mi inolvidable encuentro con el personaje). Dos veces también se postuló sin éxito como candidato a la gubernatura del Estado. Una verdadera lástima que no lo hubiera sido.

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