En una colaboración anterior y
con un gran cariño, me referí al gran personaje que fue el Licenciado Ermilo
Sandoval Campos; campechano de elevada cultura, serio, profesional de la
educación, y hombre de bien. Mi personaje inolvidable, apreció y apoyó a la
juventud con la que a diario convivía, ya como Director del Benemérito
Instituto Campechano, ya como Rector de la Universidad Autónoma del Sudeste.
Este columnista, agradece a la
vida la enorme oportunidad de haber tratado a la mayoría de los hermanos. Al
igual que con Don Ermilo, tuve trato cercano y de gran afecto con dos de ellos:
Raúl, mi maestro de Derecho Procesal Civil I y II, con el que llegué a tener
una gran relación de afecto mutuo, y a quien me referiré en otra ocasión si la
vida me lo permite y su familia está de acuerdo.
Mi personaje de hoy es el Doctor
Fernando Sandoval Campos, El Galeno para sus amigos, que fueron muchos.
El matrimonio Sandoval Campos,
sus padres, fueron gente buena y campechana de corazón. Su progenitor, Don
Adalberto Sandoval Lugo, de oficio sastre y muy apreciado entre la sociedad de
su tiempo por su labor seria y eficiente, por la calidad de sus trabajos, por su carácter apacible y, por
supuesto, por su modo de ser, muy campechano.
La esposa de Don Adalberto y
madre de los hermanos Sandoval Campos, Doña Zaida Campos del Valle, ama de casa
excepcional y creadora, más que seguidora, de la exquisita cocina campechana,
formó con su esposo un hogar ejemplar.
Cinco fueron sus vástagos:
Ermilo, María, Raúl, Héctor y Fernando. Toda la prole vio la luz primera en una
vivienda de la calle 55 entre 14 y 16, en la esquina de El Gato Negro, en el
Centro histórico de la Ciudad de Campeche. Más adelante, se mudarían a la casa
número 48 de la calle 57, entre la 14 y la 16, también en el Centro Histórico.
Esta casa, me afirma convencida y muy enfática su nieta Miriam Selina, su
actual ocupante, “lo será hasta el fin de los tiempos”.
Don Adalberto Sandoval Lugo, en
un suceso poco común que en su momento estremeció a la sociedad porteña que lo
apreciaba, falleció repentinamente en una banca del parque principal cuando el
día apenas iniciaba, ante la mirada azorada del humilde lustrador de zapatos
que le brindaba sus servicios.
A su muerte, su hijo Héctor, muy
joven pero ya conocedor del oficio, se hizo cargo del taller de sastrería, con
cuyo trabajo honesto logró “sacar adelante” a su familia, permitiendo además
que continuaran sus estudios; dos abogados y un médico, acreditan el aserto.
Fernando, el personaje de hoy,
con el apoyo de su hermano, estudió la carrera de medicina en la Universidad
Autónoma de Yucatán, en tiempos en que además de caro, resultaba una proeza
cursar esos estudios.
Siempre a su lado su gran
compañera, la señora Doña Gloria Castellanos Conde, con quien contrajo
matrimonio el diecinueve de marzo de mil novecientos cincuenta en la iglesia de
San Cristóbal, precisamente en la ciudad de Mérida, Yucatán. Como en algunas
historias de amor, un estimable matrimonio hasta que la muerte decidió
separarlos.
Por cuestiones de trabajo y
recién graduado, el doctor Fernando trasladó su domicilio a la entonces villa
de Hopelchén, donde laboró de mil novecientos cincuenta a mil novecientos
cincuenta y ocho como director del centro de salud del pueblo. Un trienio de
ese período tuvo la oportunidad de ser presidente municipal.
De regreso a Campeche el año mil
novecientos cincuenta y ocho, abrió un consultorio en su propia casa de la
avenida Alvaro Obregón, justo a la bajada del puente. A partir de mil
novecientos sesenta, el matrimonio Sandoval Castellanos mudó su domicilio a la
calle 57 No. 58; su decisión, para estar cerca de su madre, muy anciana.
En su matrimonio, el doctor
Fernando y Doña Gloria tuvieron cinco hijos: cuatro mujeres, entre las que se
encontraba Gloria, fallecida al nacer; Miriam, Q. F. B., quien trabaja en la
que fue su casa familiar; Lourdes; Enna, ex rectora de la UAC; y un varón,
Fernando, destacado médico internista con gran experiencia en el sector salud,
y actual Rector del Instituto Campechano; templo del saber que lo fue también
del trabajo de su tío Don Ermilo.
El Galeno Sandoval, ardoroso
aficionado al deporte del beisbol, además de buen jugador, trabajó muchas
temporadas de la Liga Mexicana como cronista en el viejo estadio “Venustiano
Carranza”. Su estilo alegre y festivo, justamente le mereció el reconocimiento
de su gremio en todo el país.
Un afectuoso saludo al doctor
Fernando Sandoval Campos, El Galeno, hasta el sitio donde mora, en el lugar
donde se encuentre.

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