Leo
por ahí, en el capítulo veintiuno de la gloriosamente universal obra del
celebérrimo “Manco de Lepanto”, Don Miguel de Cervantes y Saavedra, una cita
atribuida al generoso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha. Dice ésta: “Paréceme Sancho, que no hay refrán que no
sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas”. ¿Cuantos
refranes hay escritos en la obra?. ¡Cientos, y todavía vigentes!.
No
es fácil distinguir las diferencias entre un refrán, un adagio, un aforismo,
una sentencia, un proverbio, o un simple dicho popular. La cuestión es que sin
distingo, los que saben de lenguas han dado por aplicarles el término genérico
de “paremias”, que derivado del
griego, significa algo así como "aviso que se coloca junto al
camino"; esto es, advertencias para orientar la ruta y hallar el rumbo
correcto.
Diferencias,
al parecer, existen entre el dicho y el refrán. El primero es una expresión
popular que por su uso común, poco a poco se va formalizando, y el otro, es la
expresión ya conformada y aceptada de su contenido. El fin último que los
distingue y hace distintos es que los refranes registran en su contenido una
moraleja, que no es otra cosa que una enseñanza que se obtiene de una
experiencia. Los dichos entonces, serían imágenes de lo que la gente va
viviendo con el diario acontecer y que, con el tiempo, formarán parte del
refranero.
Mi
abuelo materno solía repetir entre otros, dos dichos populares. No eran de él,
claro está, y seguro los escuchó de sus ancestros. Los repetía a menudo,
principalmente cuando se aproximaba o ya se estaba en un tiempo político poco
común: “Si quieres saber el nombre y apellidos de tus antepasados, métete a la
política”, y otro: “Si no te gustan los resbalones, ni te acerques a la cocina”.
Era viejo el abuelo Moncho, y era sabio, como casi todos los ancianos.
Ni
político experto ni personaje destacado, ya lo he confesado, tampoco periodista
profesional aunque transite en el quehacer literario de este oficio; pero me
queda claro que el político deberá ser siempre ecuánime y equilibrado; mientras,
el periodista ha de ser objetivo, veraz y apegado a la verdad, y como opinaba
el maestro en ética periodística, Javier Darío Restrepo, debe ser buena persona, lector empedernido, recto y
audaz, capcioso y ágil, curioso y con ojo crítico, investigador, sobrio al
redactar, humilde.
Si
así no fuera un periodista, y se
excediera o faltara a la verdad en lo que afirma sin incurrir en un ilícito por
afirmaciones calumniosas contra alguna persona, sus manifestaciones no trascenderían
del ámbito de ciertos sectores sociales bien informados. Las fallas y dislates del
político, en cambio, podrían afectar a una comunidad, a un municipio, a un
estado o, lo más grave, a toda una nación, y esa, esa es una gran diferencia.
El
hombre, así definido por Aristóteles, es un animal político que por naturaleza
propia y por gregarismo, está obligado y necesitado de vivir en una sociedad
respetando sus reglas, no tiene otro remedio. El hombre político por su parte, además
de sociable, debe ser apasionado, pero sereno; debe también estar bien
informado y ser congruente. No se puede, no se debe ir por ahí ofreciendo cosas
que no se podrá cumplir; ya tenemos experiencias de ese tipo en un parlanchín
candidato que resultó un fiasco como gobernante.
El
político debe tener fortaleza y ejercer la tolerancia, entendido esto como la
disposición del cuerpo y, sobre todo, de la mente, para superar cualquier
obstáculo que se le interponga con disposición de ánimo y ecuanimidad. Pero
también, debe ser justo y justiciero, y aprender a aceptar lo que se dice de él,
bueno o malo, y saber asimilarlo sin alterar su esencia.
Debe
igualmente ser sobrio y equilibrado ante el halago fácil, para distinguirlo y no
sucumbir a sus supuestos encantos; también, tolerante ante las críticas, para
aprender de ellas y corregir la ruta que se sigue, un poco como aquel Sultán
Harum al-Rashid de mis historias. Quien actúe diferente o piense lo contrario y
se crea o se sienta infalible y centro mismo de todas las cosas, nada tiene que
hacer en la política, y tal vez le habrá llegado la hora del retiro.
En
el reciente affaire entre un periodista reconocido y un destacado político
oposicionista, y, hoy por hoy, fuerte aspirante al máximo cargo de la
república, se pudo escuchar frases plagadas de intolerancia. El político,
contrario a la lógica, retó, cuestionó y acusó de todo a su entrevistador por
no referirse a él como quisiera; le exigió objetividad, independencia y libertad,
cualidades indispensables desde su punto de vista inquisitoriamente dictatorial.
Muestra
clara de intolerancia y falta de argumentos. Perder los estribos en una
entrevista periodística, obliga a pensar, aunque no se quiera, lo que podría
ocurrir, llegado el caso, siendo funcionario, por agotamiento mental o capricho
personal a la hora de la toma de una decisión trascendente que afectara a uno,
a cientos, a miles, tal vez a millones de seres humanos.
Si
el señor se siente cansado o agotado, si ya el raciocinio y la energía lo están
abandonando, recuerde que tiene un camino en el retiro decoroso, en el
alejamiento de los mítines, los estrados y los micrófonos. En fin, debe
recordar que tiene un rancho hermoso con un nombre muy sugestivo; tal vez ahí podría
irse para reflexionar y para encontrar el sosiego que ahora está necesitando.
Por qué me gusta escribir
“No
viene al caso”, diría con seguridad alguno de mis antepasados; del modo que sea,
no me seduce la idea de aceptar la desinteresada advertencia; sin embargo; algo
me obliga a hacerlo para dejar en claro, más para mi persona que para otro, lo
que estoy haciendo actualmente con lo que me queda de vida.
Pensionado
al igual que mi compañera, y acostumbrados desde siempre a vivir en una
decorosa economía familiar sin lujos y sin estrecheces –si alguien sabe algo
diferente, por favor infórmeme-, actualmente no llevo a cabo por propia gustosa
decisión, ningún tipo de actividad laboral, a no ser las propias del hogar y la
familia.
No
tengo ni busco empleo, cargo ni comisión alguna, que me resisto a desempeñar para
no forzar la vieja maquinaria. Me gusta escribir, y si alguien me apura, desde el
retiro laboral -un poco por placer y otro poco por complacer a la persona más
cercana -mi musa-lazarillo-, a quien le agradan estos pergeños-, me he puesto a
revivir historias de todos los tiempos, a las que algún día convertiré en un
libro; las mismas historias que alguna vez posibilitaron el honor de resultar
ganador del Concurso Nacional Literario “Memorias de El Viejo y la Mar” que
convoca la Secretaría de Marina Armada de México.
Desde
hace un par de años, formo parte del grupo de colaboradores del periódico EL
SUR por una amable invitación de su apreciado director, don Jorge Elías Rueda
Kobá; antes lo hice en las revistas “Edzná”, “Ho’p Kin”, “El Nuevo Espíritu
Público”, y alguna otra; a cargo las dos primeras de mi inolvidable amigo Edilberto
Soto Angli, y la última de mi gran cuate, Nicolás Canto González.
No
soy pues, periodista de profesión, pero por cultivar uno o dos de los géneros,
de alguna manera formo parte del gremio y por tanto, me afecta en lo interior
notarlo algo dividido, y en ocasiones, indiferente. Me pesa sobremanera que
algunos que en el pasado disfrutaron de las ricas mieles que manan de las
infinitas fuentes del poder, se desgañiten culpando –justo o no- a quienes consideran
que ahora las disfrutan. Golpean por interés, o por la idea vana de ser
llamados a comprometer su silencio. ¡Mala cosa!.
Soy
un escribidor costumbrista, diría un amigo ya mencionado, y es la verdad, quien
no vive de su pluma y a quien nadie le paga por escribir, nadie le paga por
alabar y defender, mucho menos por atacar sin fundamentos. Respetuoso de todos,
y si algo hay que decir acerca de algún acontecimiento, sería citando el hecho,
pero evitando en lo posible la persona, y mucho más a su familia. Repito lo que
he dicho tantas veces: siento tal consideración por los demás que gustoso me
quito los zapatos al caminar para no herir a las piedras.
Hablar
bien para que me paguen, malo, pero hablar mal para ver si me pagan, peor. Dicho
esto, el “escribidor costumbrista” ratifica que no es texto servidor, ni lame
suelas, ni siquiera sabe ni le interesa saber lo que es un “chayo”, pero con el
mayor gusto está dispuesto siempre a hablar bien de alguien que esté haciendo correctamente
su trabajo. ¡No faltaba más!.
… Y ALGO MÁS
Alejandro continúa su
apuesta por el petróleo
Lo
dijo en su campaña y desde su toma de posesión como gobernador, Alejandro
Moreno Cárdenas le apuesta al petróleo y va con todo en la conquista de mejores
tiempos para Campeche, a partir de una participación activa de las autoridades
y particulares involucrados con la explotación del recurso. Insiste en aprovechar
su existencia y la vocación energética de Campeche. Brinda a cambio la proverbial
seguridad social campechana y ofrece certeza jurídica a los inversionistas.
Lo
ratificó en la reciente Convención Nacional Petrolera “El nuevo Modelo Energético
mexicano: La gran oportunidad”, en la que afirmó que su administración promueve
la conformación de un grupo de proveeduría y proveedores locales para destinarlos
a las actividades de exploración y extracción del petróleo; todo a partir de la
conformación de una empresa integradora que ofrezca servicios a las plataformas
marítimas en forma comparable a como lo hacen las grandes empresas trasnacionales.
Empresarios
nacionales y extranjeros relacionados con la industria de hidrocarburos, se
enteraron que Moreno Cárdenas está impulsando la creación de la Agencia Estatal
de Energía, órgano público descentralizado al que se dotará de amplias
facultades jurídicas, técnicas y operativas que permitan atender las oportunidades
de inversión en el sector de la energía no renovable.
A
ello agregaría la proximidad del establecimiento de la Zona Económica Especial
(ZEE), la más grande del país, con una superficie de más de mil cien hectáreas,
acceso a las instalaciones portuarias de Carmen y Seybaplaya, y el ofrecimiento
de estímulos fiscales a las empresas en el polígono.
Todo
lo anterior en su momento rendirá frutos a pesar de la negativa opinión de
algunos –afortunadamente cada vez menos- agoreros del infortunio y la
adversidad. ¡Al tiempo!.
Mejorar a Campeche es un
compromiso de todos
Lo
aprendí de niño, lo sigo pensando, un brochazo de pintura, una puerta nueva,
una cortina instalada en tu casa, es la mejor inversión que puedes hacer para
vivir feliz; esto se aplica con mayor razón cuando se trata de la casa de
todos, de nuestra casa común, el Campeche de mis amores.
Sirva
del comentario inicial para destacar la extraordinaria oportunidad de tener en
esta misma casa común, nada menos que al vicepresidente de países del Banco
Interamericano de Desarrollo, Alexandre Meira de Rosa, quien al lado del
gobernador Alejandro Moreno Cárdenas, fue testigo de los avances de los
programas de Ciudades Emergentes y Sostenibles, Fondo para el Medio Ambiente y
Prodev que el organismo internacional lleva a cabo en la entidad. Los dos
ratificaron el compromiso de
fortalecer el trabajo coordinado para avanzar con mayor rapidez en la ejecución
de proyectos que promuevan el desarrollo sustentable y eleven la calidad de
vida de la población.
El
titular del Ejecutivo afirmó que la suma de esfuerzos y voluntades hará
realidad obras que contribuirán al crecimiento sostenible, como el saneamiento
de la bahía de Campeche y de La Caleta, en Carmen. “Trabajar coordinadamente
con el BID representa una gran oportunidad de poder complementarnos, de poder
ayudarnos para construir mejores horizontes, estableciendo programas y
proyectos claros, con metas que podamos alcanzar para beneficio de nuestra
gente”, diría el gobernador.
Dentro
del mismo tema, en otra actividad común, el secretario de gobierno campechano,
Carlos Miguel Aysa González, con la representación del gobernador, puso en
marcha el programa “Ilumina tu vida”, en un acto relevantemente simbólico,
encendiendo el alumbrado de tecnología LED de la cancha de usos múltiples de la
unidad habitacional Fidel Velázquez. Este proyecto que de manera conjunta promueve
el BID junto con la empresa Philips. El programa se aplicará también en el
campo deportivo “Víctor Ortega”, en Seybaplaya, Champotón.
Bienvenidas
estas y otras acciones; la casa común, la casa de todos, nuestra casa bien lo
merece.

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