La casa de Hopelchén contaba con un horno
de piedra, muy blanco y semejante a un enorme “iglú” en el que se elaboraba pan
artesanal. Se construyó en un rincón del gran patio bajo un cobertizo de madera
y láminas. Podía ingresarse al interior a través de una puerta de hierro
sólido. Ya en desuso, fue refugio y guarida de juegos infantiles, y una especie
de bodega de revistas y otras cosas.
Don Pedro, así, a secas, era el nombre del
maestro especialista que con sus manos y empleando ladrillos rojos, piedras, trozos
de carbón, cal y material de banco, edificó la bella obra que en mal momento
fue demolida. Dormía en una vieja hamaca de hilos colgada de dos palos del
“tinglado” que protegía y daba sombra al horno.
Me parece que era chiapaneco, y como casi
todos los viejos -porque lo era-, gustaba narrar aventuras y presumir
habilidades. Jugaba con alacranes y enormes arañas que tomaba a mano limpia, se
dejaba correr por brazos y rostro y se echaba a los bolsillos. Contaba muchas
historias de las selvas, de los ríos, de los montes, de las sabanas… y de su
vida triste y solitaria.
El panadero de la casa se llamaba Urbano
y se apellidaba Martín. Bajo de estatura y muy delgado; chenero de corazón y
con una destreza y habilidad asombrosas para elaborar el sabroso pan de trigo,
chico y grande, normal y especial.
El “pan bueno” tenía tamaño y
características diferentes y en su masa una mezcla de harina, levadura, manteca
de cerdo, margarina, sal, azúcar, pero con el ingrediente adicional de los
huevos de gallinas de patio. Su obra maestra, los exquisitos bizcochos salados
de manteca (en la ciudad les llaman coscorrones), que deleitaban el paladar más
exigente y agredían fieramente las mucosas del estómago; bueno, ahora.
Una parte del pan del día iba a la
vidriera de la tienda, mientras que el resto lo acomodaba en un gigantesco
“globo”, que más bien era un cilindro metálico bajo, de color rojo o azul; qué
más da; con tres patas cónicas y una tapadera que remataba en un pico. A los
costados, dos “agarraderas” grandes con las que el panadero-pregonero lo tomaba
y con una rápida acción, lo depositaba en el centro de su cráneo en el que previamente
colocaba un paño de manta liado de forma circular. Lo hacía para apoyarse en el
equilibrio, para evitarse la molestia del calor del pan recién salido del
horno, no lo sé.
Era curioso ver al singular pregonero
recorrer con paso rápido y seguro las mayormente pedregosas calles de
Hopelchén, en un alarde de malabarismo con su “globo” a cuestas, al que daba
fuertes golpes con la mano derecha para llamar la atención de la clientela que
salía de sus casas y se dirigía al sitio donde Urbano asentaba el contenedor,
para ordenar su pan que con un trozo de papel de estraza y un hábil movimiento
de ambas manos quedaba convenientemente envuelto.
También era bromista y dicharachero y
para nada serio como Don Pedro, quien por alguna razón –o sin razón-, se quedó
a vivir un tiempo con nosotros, durmiendo entre los mismos maderos de la
panadería y apoyando en el encendido del horno y el horneado del producto. Un buen
día, Don Pedro desapareció con su hamaca de hilo, su cargamento de alimañas
vivas y sus escasas pertenencias; tal vez tenía una cita para construir otro
blanco “iglú”, y llenar de emociones las tardes de la chiquillería de algún
lugar lejano.
Fueron de antología las incursiones de "Don Ur" al
ruedo pueblerino en las corridas de toros del mes de abril para vender sus famosas
“pacharelas”, bailar jarana, y de vez en cuando, lleno de arrojo, lanzarse un
“tirito” con un burel, sin más terno que su sombrero de fieltro, sus alpargatas
blancas de una tira, su pantalón de casimir, su camisa blanca de mangas
arrolladas a medio antebrazo, y un paliacate rojo como improvisado capote.
Su
presencia siempre fue muy celebrada y, por supuesto, aplaudida a rabiar por los
amantes de la tauromaquia que se daban cita en el rudimentario coso.
Ya platicaremos más de Urbano, un gran personaje.
Otra tienda, la segunda, ya lo hemos
comentado, fue la de Iturbide. Era curiosa la costumbre de ese pueblo; más
bien, destacable era el carácter de mi madre, quien siempre estuvo dispuesta a
abrir la puerta para atender a un cliente a cualquier hora, incluida la de la
comida y el descanso, para venderle un poco de sal, algo de azúcar, la clásica
brillantina, un medicamento, y en ciertos casos para brindar calor, consuelo,
ternura y consejos sabios a algún alma atribulada que necesitara de su aliento.
La tercera tienda se abrió nuevamente en
Hopelchén al terminar la aventura de Iturbide. En la pieza de la esquina con
piso blanco y negro en forma de tablero de damas, la pasión de mi padre. Le
pusieron “Normita” en honor a una hermana que ayudó incansablemente a mi madre.
La apertura de ese pequeño negocio fue un mes antes de que mi padre, mi
inolvidable Beto, dejara esta vida para acomodarse en otra al lado de la abuela
Gaudelia, su adorada madre. Fue un tiempo de lucha, de esfuerzo, de sacrificio,
pero también de grandes experiencias. Seguiremos esta plática.
El Estado de México habló…
y decidió
Los
resultados se dieron de la manera anunciada y del modo que se esperaba. Los
millones de mexiquenses que salieron a votar se decidieron por aquel que muchos
corrillos políticos mencionaban y en la proporción que calculaban. Ahora, solamente
queda esperar que las autoridades encargadas hagan su trabajo. El cómputo final
será el miércoles y luego habrá un largo trecho por recorrer en otras
instancias. Queda sobreentendido que el conflicto será largo y muy cansado.
Una
vez más, seguro que así será, lo que al parecer quisieron millones en las urnas
lo decidirán unos cuantos en una mesa o en un escritorio. Cosas de la
democracia a la mexicana, esa que algunos invocan y alaban cuando resultan
ganadores, pero repudian e insultan en caso de tocarles diferente destino.
Quedó
demostrado este domingo que la política no es de santos, menos aún de santones
o santurrones. Los candidatos son seres humanos de carne y hueso, con mañas y
artimañas para los que la ética es algo así como una isla griega en el centro
del mar Egeo. Los partidos políticos y sus dirigentes se valieron de todo para buscar
el triunfo y no hay uno solo que sea químicamente puro. De las “recaudaciones”,
el reparto y otros medios ninguno está exento; parado frente al espejo, no se
vale juzgar ni criticar la paja en el ojo ajeno.
En
fin, esperemos que en esta ocasión, ya pasado el fragor de las batallas y
disipado el olor a pólvora de los combates, quienes tienen en sus manos el
destino de los partidos políticos, se sienten –o lo hagan de pie, no importa-, y
se pongan a dialogar; depongan un poco sus armas y dejen de lado los insultos y
las ofensas. A los votantes no les importan sus pleitos y sus cuestiones
personales; el pueblo quiere trabajo y progreso, no show político; la gente se
los agradecerá, ténganlo por seguro.
… Y ALGO MÁS
La obra del puente
De
que se va a construir, que a nadie le quepa duda, como tampoco debe haberla en
la estrategia de financiarla con recursos locales a cambio de recibir la obra
en concesión para explotar sus ingresos durante treinta años, que, según se
calcula, es el tiempo de vida útil de una construcción con adecuados cuidados.
Prolongar la concesión ya será cosa de una nueva generación de campechanos.
Será
Santander el banco que financie el nuevo “Puente de la Unidad” una vez que
termine la larga y engorrosa tramitología relacionada con concursos, detalles
técnicos y otras cosas necesarias para su buena marcha. Se habla de tasas de
interés más bajas y las mejores condiciones de pago.
Dos
dependencias, serias las dos y ambas a cargo de gente con arraigo en Campeche se
encuentran al frente de los trabajos inherentes a la licitación y al aspecto
económico, mientras que otra se encargará de la supervisión y ejecución de la parte
técnica. Las secretarías de Finanzas, de Planeación y de Obras Públicas tienen
a su cargo el serio compromiso de respaldar el trabajo del gobernador Moreno
Cárdenas.
De
vital importancia para los habitantes de la región, además de paso obligado de
miles de vehículos que a diario atraviesan la isla para dirigirse al centro del
país, pero en particular, los habitantes de la entrañable Ciudad del Carmen,
serán los principales supervisores de su avance y puesta en servicio en el
tiempo programado.
Ya
es un hecho y el puente concluirá el año próximo, no hay duda.
Artesanías campechanas,
verdaderas obras de arte
Corría
la primera mitad de la década de los años setenta cuando al arranque del inolvidable
sexenio de Don Rafael Rodríguez Barrera, el carismático gobernante decidió
nombrar al caballeroso licenciado Enrique Escalante Escalante como director de
un nuevo organismo creado en su sexenio. Se trataba del IDERC, algo así como
Instituto para el Desarrollo Regional de Campeche.
Fue
una época de gran actividad artesanal en la que según mis recuerdos, surgieron
actividades de fomento a las actividades manuales de la gente del Camino Real.
Ollas, cántaros, maceteros, y toda suerte de artículos de ornato a base de
barro y cerámica tuvieron un despegue que hasta hoy día sigue apoyando la
economía de esos pueblos.
Con
la reciente organización y desarrollo del Tercer Concurso Estatal de Bordado a
Mano, e el que se entregaron premios de once mil pesos a los primeros lugares,
ocho mil a los segundos y cinco mil a los terceros, y menciones honoríficas
acompañadas de tres mil pesos y un gran premio de veinticuatro mil a la
ganadora del galardón especial, sin duda que la labor del ahora Instituto Estatal para el Fomento de las
Actividades Artesanales en Campeche (Inefaac) está afianzando su labor.
Si
a los anterior agregamos que en el evento celebrado en el Circo Teatro
“Renacimiento”, el gobernador Alejandro Moreno Cárdenas, acompañado de la
Directora General del FONART y de la del INEFAC, entregó más de setecientos
cincuenta mil pesos a doscientos cincuenta artesanos de Campeche, Champotón,
Calkiní, Hecelchakán, Hopelchén y Tenabo; otra cantidad mayor a los trescientos
setenta mil pesos para la adquisición de lentes y paquetes de protección con
guantes, gafas, lupas y dedales, pensamos que se está facilitando el camino del
progreso a esta gente, verdaderos artistas nuestros.
“Reconocimiento a su trabajo, dedicación y por el mérito que
tienen de crear, innovar y construir arte”, diría el gobernador. “Reconozco no
solo el empeño, las ganas, el profesionalismo, la capacidad, la fortaleza y la
voluntad para transformar, para innovar, para que esa creatividad que tienen
los artesanos campechanos se dé a conocer a México y al mundo, y nos haga sentir
más orgullosos de ser campechanos”, diría también.
Una historia del IMSS
Quienes
alguna vez han requerido de sus servicios, porque nadie tiene la salud y la
vida aseguradas -me incluyo tras una experiencia tan cercana como inesperada-, entiende
la importancia de las instituciones de salud, IMSS, ISSSTE, SEGURO POPULAR,
etc. Sabe de los viacrucis que en veces hay que sortear para ser atendido, como
también de las carencias y de la atención del personal, buena la mayoría de las
veces, y no tanto en ocasiones.
De
ahí, es de celebrarse la actitud, la decisión y las palabras del delegado del
Instituto Mexicano del Seguro Social, doctor Rafael Rodríguez Cabrera, cuando
declaró que en la reciente denuncia en contra de una doctora que según un video
exhibido en redes sociales, aparentemente se negó a brindar atención a una
paciente: “sólo la separamos mientras se realiza la investigación”. Lo dicho,
buena decisión.
Podría
tratarse de una fracción editada a conveniencia por motivos personales, o un
acto punible de negligencia profesional que puso en riesgo a alguien que
requería ayuda médica urgente. No se sabe, pero se requiere una revisión
minuciosa del video completo, e incluso un análisis técnico que incluya antecedentes,
tono de voz, lenguaje corporal, y otras cosas que podrían ayudar a solucionar
el caso antes de cometer algo que pudiera ser una injusticia.
¡La
milla verde, la milla blanca, una historia pendiente de contar!.
Cuidemos nuestra paz
Atentados,
violencia, secuestros, levantones en otros continentes -y también en el
propio-. y hay quienes se atreven a criticar la relativa paz que disfrutamos en
Campeche. ¡Cuánta pena!.

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