Si se me permite decirlo, la celebración
de la Libertad de Expresión fue este año de exitosa, lo siguiente. Cómo no
serlo en esta que correspondió a su edición cuarenta y nueve. Dos generaciones
desde que Carlos Joaquín Reyes Alpuche, periodista de singular talante y
particular estilo, llevó a la práctica la iniciativa de su instauración. Eran
tiempos suyos como diputado local, y del ingeniero Echeverría Castellot como
gobernador; ahora y siempre, Don Eugenio, un extraordinario gobernante.
Es de suponerse lo que habrá de acontecer
el año próximo, año también electoral, cuando se celebre la edición cincuenta
de la jornada. Podría llamársele “Medio Siglo”, “Bodas de Oro”, o de cualquier
otra manera que se refiera a ese tiempo. Media centuria de celebrar un
acontecimiento de tal magnitud en un estado con las características de
Campeche, se dice fácil, pero no lo es. Tendrá el año que viene este evento por
sí mismo, visos de acontecimiento especial, de suceso histórico.
Esta ocasión como cada una de las anteriores,
la celebración tuvo y seguirá teniendo de todo: el Concurso Estatal de
Periodismo, el acto protocolario, hasta los festejos previos, y todos los que
en adelante se den. Presentes desde lo más relevante del medio periodístico y
del mundillo político, cultural e intelectual, hasta el más modesto reportero
de alguna página electrónica de noticias, y si me apuran, alguno que otro agregado
inesperado que contribuyó a enriquecer la diversidad de la asistencia.
Voy desde luego a referirme al Concurso
Estatal, y no podría bajo ninguna circunstancia abordar el tema sin admitir que
para saber cómo se dan estas cosas, el escribidor fue de los primeros en
inscribirse; a la vez, uno de los siete participantes en la modalidad de
columna. Para ello escogí una de mis consentidas, de esas que sin proponérmelo
me remiten más que otras a etapas especialmente bellas de la larga existencia.
No puedo abstenerme de ser sincero para expresar
a mi estilo, que como es natural y sin falsas modestias, tenía muchas
esperanzas, fundadas o no, de obtener el triunfo, porque había escogido –ya
dije-, uno de mis temas favoritos, tomado de una colaboración en EL SUR de
fecha once de abril del año anterior. De algún modo -pienso-, propuse un estilo
de columna variado, con la intención de ser original, y mejor aún, ameno,
aunque me esté mal afirmarlo.
Tampoco puedo dejar de mencionar que, como
la de todos los participantes, la motivación principal fue la económica –¡al
chile!, diría el enlatador de conservas vegetales-, por dos razones: la primera,
porque el billete me estaba haciendo una falta terrible, y la segunda, porque
la vanidad, como le sucede a cualquiera,-lo quiera o no-, acompaña a todo mortal
que busque vivir quince minutos de fama. Bueno, pero el jurado no tuvo la misma
idea, y ya no hay remedio.
Otra vez; como siempre, hubo
inconformidades; y otra vez, como siempre, estas no fueron más allá de
veinticuatro horas después de concluir la obra, caer el telón y los
protagonistas salir a saludar y agradecer al público. Lo cuestión es que,
aunque parezca extraño, los inconformes fueron personas ajenas al mundo de la
comunicación, o bien, gentes del oficio, pero de esos que claman y se
desgañitan acusando fraudes anticipados, como si tuvieran una especie de don
adivinatorio. Lo peor, que ni siquiera se atreven a contribuir con algún
trabajo.
No debe desanimar a los organizadores,
mucho menos a los desinteresados miembros del jurado calificador, mezcla de
gente de experiencia con jóvenes de gran futuro, que sin presiones ni líneas se
dieron a la tarea de revisar cientos de trabajos escritos y electrónicos para
dar su veredicto final. No es ese trabajo, créanlo, tarea fácil.
Pero si algo hubiera de añadir y sugerir
a los que hacen posible la celebración, sería que en el futuro se variara el
formato tradicional y se impusieran algunas modalidades. Se trata de acallar desde
el principio algunas voces de tonalidades discordantes y también, por qué no, de
dar mayor certidumbre y credibilidad al referido certamen.
Nada de eliminar el premio en efectivo
que es su incentivo principal, antes bien, hacerlo más interesante dividiéndolo
entre tres finalistas en proporciones razonables. Si se hiciera, se daría un
acto de justicia reconociendo a un segundo y a un tercer lugar. No es nada
plausible que quien pierde por una nariz, puede suponerse el último.
Otra más sería que la fecha de recepción
se señalara para una semana antes que la de la decisión, y que en ese lapso se
diera a conocer el nombre y el trabajo de cinco semi finalistas, para después seleccionar
los tres mejores y por ende los que resultarían premiados.
Finalmente, no me tomen a mal que exprese
un reconocimiento muy amplio a los organizadores, al jurado y a todos los
participantes, por supuesto incluidos los ganadores; con su participación
contribuyeron y contribuyen a afianzar la idea de que en Campeche a diferencia
de otras latitudes, existe libertad, y a nadie hasta donde se sabe se persigue
por sus ideas o por sus expresiones.
Esto es, reforzar el concepto de que en
la actual administración, en esta tierra de Pedro Sáinz de Baranda y Justo
Sierra Méndez se respeta la integridad, la libertad y el derecho de los
campechanos de decir lo que les plazca, y como expresara el gobernador
Alejandro Moreno Cárdenas en la ceremonia de premiación: “Queremos un estado de
voces y no de silencios; las voces nos convocan y nos motivan; los silencios
callan y enmudecen, y en Campeche, no estamos para callar nada”.
No sé ustedes, pero yo estoy plenamente
de acuerdo.
Las elecciones en el Estado
de México
Los
comicios en el Estado de México, lo mencionamos en la columna anterior, tuvieron
los resultados anunciados y por supuesto, esperados. La jornada electoral se
dio sin mayores contratiempos ni hechos violentos a pesar de lo complicada que
lucía la contienda.
El
cómputo distrital, como también se esperaba, concedió el triunfo al candidato
priista en la proporción de casi tres puntos en comparación con su más cercana
contendiente morenista. Este porcentaje ya se había anunciado y así mismo lo
destacaron los conteos preliminares.
Se
espera irremediablemente un conflicto legal que va a recorrer todas las
instancias, y es más que previsible que únicamente concluirá con la decisión
que tome la autoridad federal después de transitar por las locales que seguro
ratificarán lo que decida la autoridad electoral estatal.
Lo
deseable es que al final de la larga ruta, el ganador y por ende quien ocupe la
gubernatura de la entidad, tenga la suficiente humildad para tender la mano a
sus adversarios, que no enemigos, y los invite a trabajar hombro con hombro por
el bien del estado de México y sus millones de ciudadanos. Que no cierre los
oídos a ninguna voz, por más que no esté de acuerdo con ella.
De
los perdedores finales se espera amplitud de criterio, madurez, mesura y orden para
aceptar los resultados. Hacer lo contrario significaría poner en tela de juicio
a la autoridad y a las instituciones. Muy reprobable sería que se faltara al
respeto precisamente a las instituciones a las que se pretende representar.
… Y ALGO MÁS
El problema del transporte
No
existe, hasta donde se sabe, algún estudio que así como el que precisa que el
ser humano pasa la tercera parte de su existencia en una cama (o hamaca), otra
tercera parte en el escritorio, la fábrica, la labor, frente a un volante, etc.,
así como un octavo frente a una mesa. Alguna estadística habrá que precise el
porcentaje que se vive a bordo de un transporte.
Luego
entonces, por su necesario uso, cualquier variación en el precio del servicio
de transporte público, sea el tren, el autobús, el micro o el taxi, será un
asunto de ocho columnas donde quiera que se dé. Campeche por supuesto no es la
excepción.
Es
cierto que el del transporte es un negocio como cualquier otro; sus dueños son
empresarios que buscan reciprocidad a cambio de su inversión; al transportista le
corresponde una utilidad razonablemente justa. Invierte para ganar, no hay otro
remedio.
La
actual inquietud de incrementar las tarifas en autobuses es una cuestión de
magnas proporciones, toda vez que quienes en su mayoría lo usan son personas de
escasos recursos económicos que serían las víctimas directas de cualquier
incremento por la imprescindible utilización de ese servicio.
Hace
pocos años, por concluir la pasada
administración se dio el último aumento; a cambio, los prestadores se comprometieron
a mejorar sus unidades y, por supuesto, a brindar mejor atención a los
usuarios. Después de un tiempo razonable, ni mejoría ni cambio de actitud, salvo contadas
excepciones. Se podría culpar a los incrementos en combustibles y otros insumos,
pero la idea era otra.
Ahora,
ni el Gobierno del Estado ni el Instituto del Transporte están contemplando para
el resto del año la posibilidad de algún incremento; no obstante, se han echado
a cuestas la nada fácil tarea de buscar alternativas novedosas en apoyo a los
empresarios; no a costa de la población; así lo ha manifestado el gobernador
Alejandro Moreno Cárdenas. A pesar de que entiende los reclamos de los
camioneros, entiende y atiende más los reclamos de la gente.
La
cuestión tiene muchas aristas, no obstante, la imaginación de los empresarios
transportistas y el trabajo del Instituto Estatal del Transporte habrán de
encontrar una solución que si no beneficia a todos, por lo menos no perjudique
a muchos. ¡Veremos!.
El debate que viene
Uno
-el morenista-, cuenta con más experiencia en las lides políticas y además,
tiene facilidad de palabra y de alguna manera articula adecuadamente su
discurso. No lo conozco personalmente, pero tuve la oportunidad de ver algunos
debates televisivos cuando pertenecía a otro partido. Ahora en su nuevo partido
se le nota incómodo y algo fuera de lugar, como que el constante repetir la
línea de sus mentores lo ha convertido en una especie de autómata. Lo peor de
todos es que por la misma causa ha adquirido un tono agresivo.
El
otro –el priista-, tiene relativamente menos tablas en la política y pocas
veces se le ha visto en el centro de algún debate, por lo que a pesar de
conocerlo más, no estoy al tanto de su capacidad de enfrentar uno de verdad.
Sin embargo, la constante práctica lo ha convertido ya en poseedor de un
discurso cada vez más articulado y elocuente; eso sí, es educado y respetuoso.
No
es tiempo de campañas y tal vez no se justifique el debate al que el segundo ha
convocado al primero y este parece haber aceptado. Como ejercicio democrático,
es buena la intención de escucharlos a ambos en un encuentro que necesariamente
tiene que ser convenientemente planeado, con reglas claras y un buen moderador.
Sin insultos ni ofensas, por favor.
De
quién será el ganador no estoy seguro, pero que los dos estarán en las próximas
boletas electorales, es más que probable, como también que podría ser por el
mismo cargo. Entonces, a esperar el debate y hacer apuestas a favor de algún
ganador.
Acciones de la señora
Christelle Castañón de Moreno
Es
singularmente amable y sencilla en su trato, he tenido la oportunidad de
comprobarlo en más de una ocasión tanto por motivos de trabajo como por algún
acontecimiento social o educativo. Tiene tacto y carisma y no puede negársele
que irradia una imagen de dulzura. Doña Christelle Castañón de Moreno es una
magnífica presidenta del Patronato del DIF Estatal.
Junto
con ella, la señora Victoria Damas de Aysa al frente del patronato Grande de
Corazón, también con su imagen de sencillez y su trabajo comprometido, es una
de las más representativas colaboradoras de la señora Castañón. No puede dejar
de mencionarse a la doctora Silvia Elena Parrao Arceo al frente de la
Institución como su directora general.
En
otro orden de ideas, fue agradable escuchar a la señora Christelle al momento
de cortar el listón inaugural de la rehabilitación del jardín de niños “Ana
María Farías Flores“ y luego de la primaria “Benito Juárez“, en una gira por el
municipio de Carmen. Ahí mencionó que: “Impulsar el desarrollo integral de los
alumnos es dignificar el lugar donde toman sus clases; su rehabilitación es un
esfuerzo conjunto de autoridades”.
Lo
dicho, la señora Castañón es la mejor colaboradora de Moreno Cárdenas.

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