lunes, 15 de mayo de 2017

DE MUCHO, UN POCO/Mario González Vargas, un tipo especial


Mario, segundo hermano de mi madre Isela, siempre fue feliz y despreocupado; ferviente asiduo de casi todos los ambientes imaginables, en los que era considerado gran amigo, carpintero fino, extraordinario contertulio, platicador, dicharachero, bohemio, trovador, narrador de historias y, principalmente, bebedor de antología; a la vez, informal, y desparpajadamente alegre.
También conocido por los alias de “Abdo”, “Turco”, “Jefe Cejas”, “Maestro Pelos”, “Tío Huayo” y “Chavalín”, era por muchas cosas popular. Corrió de la seca a la meca, y más allá. Inquieto, llegó a la gigantesca ciudad de México terminando una larga temporada de trabajo en la ciudad de Chetumal, y en su vecina Belice, reconstruyendo edificios y casas de madera destruidas por el embate furioso de aquel huracán Janet que azotó con fuerza descomunal la península yucateca, en especial la porción oriental, iniciando la segunda mitad del siglo anterior.
En el lugar en el que se asentaba, solía destacar por su trabajo especializado y por la finura en el detalle de su alta carpintería, que lo llevaba a ser reconocido como un excelente artesano y a ocupar un sitio especial con algo muy parecido al éxito. Su gran facilidad para hacer amigos, también le servía para ganar dinero a manos llenas; la misma facilidad que tenía para derrocharlo.
Eran los tiempos de un Distrito Federal romántico, nostálgico, tradicionalista, relativamente tranquilo y disfrutable, que ofrecía todos los atractivos de las grandes ciudades, incluida la oportunidad de encontrar empleo y lograr una mejor existencia para los provincianos que por miles dejaban su tierra natal, atraídos y atrapados por las luces de la gran urbe. Estudiantes de todo tipo, campechanos incluidos, acudían en buen número a prepararse a sus universidades y escuelas superiores.
Un día de la década de los años sesenta, Mario arribó a la enorme ciudad; su equipaje consistía en un maletín cargado de herramientas de mano, algunas ropas, y en los bolsillos unos cuantos pesos. Su intención, establecerse y montar un taller de carpintería, pero principalmente, seguir los pasos de Mirna, su novia de entonces y después su esposa fiel durante muchos años. Su dama había sido cambiada al altiplano, por los rumbos de Zumpango, para seguir desempeñándose como maestra de primaria.
Hay una parte de su historia que tal vez nadie conozca, esta es la que transcurrió desde el momento de su arribo hasta la instalación de su primer taller de ebanistería -al final fueron dos-, “Hopelchén”; “Licha y Moncho” fue el otro. Ambos funcionaron en la misma calle; el primigenio miraba al sur y el segundo tenía su frente al norte, en el tramo de sus amores de las preciosas calles de Puebla, entre las de Valladolid y Medellín, en el corazón de la hermosa colonia Roma.
No puede negarse que gustaba de la buena vida, de disfrutar las comodidades que ofrece radicar en una gran ciudad y sobre todo, tener buenos ingresos. Su casa, situada a escasas calles de su negocio, era un departamento del segundo piso de un edificio bajo rodeado de comercios, nada menos que en las calles de Lieja, entre la bella avenida Chapultepec y la espléndida Hamburgo, donde comenzaba la elegante Zona Rosa; dos cuadras lo separaban de la fuente de la Diana Cazadora y el frente del bosque de Chapultepec, en el inicio del extraordinariamente bello Paseo de la Reforma.
Su taller, sus talleres, fueron siempre refugio de la numerosa colonia chenera que radicaba por diferentes rumbos; algunos de sus integrantes de escasos recursos, a su arribo y en tanto se colocaban, se instalaban primero en alguno de los locales en donde nunca les faltó un rincón para dormir, un plato de comida, unas monedas para los camiones, y algún otro detalle. La generosidad de Mario no tenía límites.
Su extraordinaria habilidad para relacionarse lo llevó a conocer gente importante; le tenían tal confianza que dejaban en sus manos las llaves de sus departamentos para efectuarles arreglos. A una pareja formada por una actriz, preciosa mujer de ojos verdes almendrados y un popular y apuesto galán de películas de cine de acción, pude verlos platicando con Mario junto al elevador un medio día de sábado, mientras los carpinteros y el escribidor como apoyo, bajábamos montones de tablas de fina madera que desprendían de un enorme mueble de la sala.
Hubo otras historias relacionadas con el trabajo; otras variadas como aquella de la cena de bacalao a la vizcaína preparado por los abuelos Eloísa y Ramón en una de sus visitas. El convivio, de una gran sencillez pero muy espléndido, fue ofrecido entre bancos de trabajo, viruta y aserrín, a los hermanos Mendoza, Amalia, Juan y Eligio, integrantes del trío “Tariácuri”, y a Don Chava Flores; sí, el famoso compositor costumbrista.
Los dos primeros, Amalia y Juan, después de cenar frugalmente, tuvieron que retirarse relativamente temprano por compromisos de trabajo; el más joven, Eligio –se autonombraba “El Feo”, y así consta en una foto autografiada que debe andar por ahí entre mis recuerdos gratos-,  decidió, y así dijo a sus hermanos, convertir al trío en dueto, para quedarse a participar de la velada junto con el grandioso compositor Don Salvador, ambos tentados por el bacalao de los abuelos.
Esa noche alegre y bohemia, disfrutamos y aplaudimos la interpretación de canciones como La Malagueña, Dos Palomas al Volar, El Gato Viudo, Sábado Distrito Federal, y otras que no logro fijar en la cada vez más frágil  memoria. Ya casi de madrugada, fuertes golpes en la cortina metálica medio cerrada, interrumpieron la fiesta y obligaron a enfrentar un par de situaciones, difíciles al principio y después, para sumarlas al anecdotario.
Fue aquella una reunión inolvidable -ya se dijo-, sólo interrumpida por los causantes del escándalo: una “pareja” de celosos agentes de policía a bordo de una patrulla; demasiado estrictos al principio y después, enterados de quienes eran los comensales, sumados al alegre “huateque” como guardias de seguridad voluntarios y hasta como simpático coro de los artistas.
La historia completa la abordaremos en otra columna junto con otras aventuras de El Chavalín.

Karla y Ramón, nada de qué preocuparse
Los veía preocupados, ahora ya un poco más relajados; la verdad, no se entiende el motivo de su preocupación, mucho menos si esta fuera angustia. Dos temas, original uno por lo poco usual, y común y corriente el otro, tan normal como la vida misma en los partidos políticos.
Inquietante el primero, por supuesto que , pero no precisamente por el daño que pudiera haber causado, sino por lo burdo de la acción y la intención, pero más que todo, por la perversidad de alguna o algunas mentes que con el ánimo de hacer daño a una persona en particular, han faltado al respeto a otros, quienes tal vez no lo  merezcan.
No conozco personalmente a la presidenta del Comité Directivo Municipal del PRI en Campeche, y por el momento, no tengo la intención y tal vez ni la inquietud de hacerlo, pero hasta donde sé, se trata de una profesional destacada de la odontología, respetable esposa y madre de familia, que por ese solo hecho ya merece la consideración y el respeto de la sociedad en la que se desenvuelve.
Sé de ella que es de reciente ingreso a la actividad política y que por ende, tiene poca experiencia en el terreno; sin embargo, sé también que tiene gran habilidad para organizar eventos sociales y para acercarse a la gente, lo que algunos lo han relacionado con sensibilidad y capacidad política y por consecuencia, le ven posibilidades de hacer una sólida carrera político-partidista.
De ahí tal vez el afán de derribarla, o bien de hacerle daño para descarrilarla. Quizá haya de por medio la intención de dañar a ella y a su partido para reforzar al candidato o candidata de otro. “Fuego amigo” o “andanada externa”, todavía no ha quedado claro. La solución quizá se encuentre en una investigación; para esa labor existen métodos científicos probados.
Tal vez el otro camino sea apostar al olvido; al fin y al cabo unos apapachos, muchos triunfos de los Piratas, una turbonada, otra pleamar, un nuevo frente frío, y ya en Campeche se estará hablando de otra cosa.
El otro caso es la renuncia-expulsión de su antiguo partido de un ciudadano originario de otra entidad y avecindado en Campeche. El señor tuvo su tiempo, y muy bueno, como secretario de gabinete, diputado local, y hasta líder del Congreso.
Por estos días, el ex secretario y ex diputado concretó un aviso previo y anunció su salida, para ingresar a otro partido que lo definió como una “nueva adquisición”. Sobrevinieron descalificaciones de parte de ex correligionarios que lo tildaron de desleal y, por otra parte, inconformidades de sus nuevos compañeros que se sienten desplazados por quien entró sin apuros por la puerta grande, mientras a ellos les costó años de lucha y de trabajo ingresar y sostenerse.
Hasta ahora el político ha guardado cierta discreción y su nuevo partido prudente silencio; hay que recordar que en el pasado reciente, el personaje se desgarraba las vestiduras por una causa que quizá pronto empezará a descalificar. Su nuevo partido, el que ahora se felicita por la adquisición de ese “rostro nuevo”, antes lo criticó por su trabajo legislativo y lo atacó lo mismo que a otros que ha reciclado en los últimos tiempos.
Como gente de experiencia que ha estado cerca del poder y de las grandes decisiones, el  nuevo oposicionista sabe que en Campeche todos se conocen aunque a veces no se saluden. Le queda claro que se vive en casa de cristal en la que se sabe todo de todos. Está enterado también que en tierra de dinosaurios, quien aspire a tener la boca grande, debe cuidarse de poseer un apéndice posterior de escasas dimensiones; difícil pero no imposible.
En este caso, a todos conviene dejar hacer y dejar pasar y no excederse en preocupaciones. El partido que lo adquiere, calladito se verá más tranquilito; el que lo “pierde”, debe recordar aquella frase que hizo famosa un célebre actor del cine norteamericano de origen austriaco: “¡hasta la vista baby!”.  

… Y ALGO MÁS

Juan Ramón de la Fuente
Estuvo en Campeche por un acto importante. La verdad que la entrega de un Doctorado Honoris Causa es un acto significativo; pero entregar tal honor a un mexicano distinguido y prestigiado como el  político y académico doctor Juan Ramón de la fuente, y además por el mismo gobernador del Estado, es un acontecimiento sumamente importante.
Escuchar a Alejandro Moreno Cárdenas decir en ese acto: “Creemos en la educación como la gran llave maestra que abre las puertas a la democracia, al crecimiento y al desarrollo, y no en el pretendido nacionalismo que representa retroceso y estatismo para México”, tan relevante por sí mismo, como honrar al ex secretario de Salud federal y ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Fue el Consejo Superior del IC el que aprobó y otorgó el grado de Doctor Honoris Causa a Juan Ramón de la Fuente Ramírez por sus altos méritos, y qué decir de su enorme contribución a la difusión de la ciencia y la cultura, su intensa promoción del humanismo, del pensamiento constructivo y del debate enriquecedor de la sociedad, se diría en ese acto.
Sus antecedentes como Secretario de Salud, rector de la UNAM y haber presidido la junta directiva del programa de la ONU contra el Sida en París, la Asociación Internacional de Universidades en la Unesco y el Consejo de la Universidad de Naciones Unidas en Tokio, hablan del gran prestigio nacional e internacional del galardonado.
El homenajeado diría que, “Educar es forjar seres humanos libres, autónomos, sensibles, críticos y creativos, comprometidos con la comunidad a la que pertenecen, aptos para el ejercicio responsable de la democracia, así como para enriquecer y renovar la tradición cultural”; “la política debe centrar su mirada y recursos en la educación, pues juntamente con la cultura constituyen las grandes alternativas que la sociedad tiene para transformar la realidad”.
No se trató de un evento casual para exaltar personalidades y realizar elogios mutuos, sino de un acto de lo más trascendente y lo será más a futuro. Baste pensar que en política no existen las casualidades; se sabe, se afirma, y la reciente es una muestra de ello. En los últimos tiempos, el nombre del doctor De la Fuente Ramírez ha sido manejado como prospecto para ocupar el lugar de honor en las boletas electorales por algún partido que si lo lograra, se anotaría un verdadero éxito por el prestigio de este académico limpio y de trayectoria y honestidad probadas.

Predios abandonados
Escenografías “hollywoodenses” para filmar películas, así parecen ciertas casonas del Centro Histórico y de algunos de los barrios tradicionales capitalinos, que se han convertido en sólo fachadas que esconden terrenos baldíos y construcciones ruinosas por falta de interés o de capital de sus propietarios. Recientemente, el director general del Centro INAH-Campeche, reconoció que no se cuenta con un inventario de su número y condiciones.
Los recursos que se han invertido los últimos años solamente en el arreglo superficial –reparaciones de maquillaje, podría decirse-, tal vez serían también de difícil cuantificación, sin que el problema haya podido resolverse y al contrario, cada vez luzca más complicado. Tal vez sería el momento de emprender acciones más drásticas.
Una opción válida podría ser la venta ordenada y supervisada a inversionistas que se comprometan a repararlas y a ponerlas en uso, antes que a acapararlas para especular a futuro como se ha sabido recientemente.
Podrían ser también materia de un programa de acondicionamiento de espacios para estacionamiento, negocios atractivos y, de darse el caso y como asunto extremo, efectuar un programa de expropiación por causa de utilidad pública, para concesionarlas a empresas o particulares que les den mantenimiento adecuado y las destinen a algún tipo de actividad probadamente redituable.
Acaso podría resolverse como el de aquel enorme lote que funcionara como vecindad por muchos años y ahora es asiento de un lujoso hotel de clase mundial o gran turismo. Lo que haya que hacer, ya debe hacerse.

Galardón para EL SUR
Congratulaciones para esta hospitalaria casa editorial que hace favor de publicar mis pergeños, por el Galardón Mundial a la Calidad “Siglo XXI” que le otorgara la empresa Worldwide Marketing Corporation como reconocimiento a la mejora en sus aspectos administrativos. Del casi punto de quiebra al de finanzas sanas hay de por medio un gran trabajo. Bien por la empresa, bien por René San Martín Pérez, su director administrativo, y bien por todos los colaboradores que con su trabajo lo hicieron posible. ¡Más reconocimientos en el futuro!.

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