No
poseía amplia cultura ni elevada instrucción, como no las tenían la mayoría de
sus contemporáneos, pero era un hombre de plática amena, salpicada de anécdotas
y chascarrillos. Ingenioso y de percepción aguda, mi padre fue un buen
conversador, altamente receptivo, destacadamente eficiente para los cálculos
matemáticos mentales y para trabajos que requirieran cierta técnica de la
época, nada que ver con la actual tecnología.
Buen
comerciante: no había animal u objeto que desde su óptica y de acuerdo a su
estilo, no fueran susceptibles de ser comprados para después venderse. “Siempre
hay alguien que tenga algo que no le sirva, y otro que lo esté necesitando”,
solía decir. Máquinas de coser, victrolas, radios, muebles varios,
antigüedades, molinos desechados, y un sinfín de cosas recibían de una sola
ojeada una justipreciación y en consecuencia, una oferta económica.
Su
experiencia como productor de maíz en terrenos ociosos rentados al ejido o a
algún particular; la producción, compra y venta de la miel; también una breve
incursión en el mundo del “chicle de
montaña”, le produjeron en ocasiones abundantes cosechas y sustanciosos
beneficios monetarios. Otras más, su ceño fruncido, su actitud preocupada y sus
manos hasta el fondo de los bolsillos, indicaban otra suerte.
Las
tertulias que solía sostener con las gentes del pueblo a las puertas de su
tienda eran interminables. Al caer cada tarde, y de preferencia las mañanas de los
domingos, cómodamente sentados en las bancas de afuera, sostenía verdaderas
cátedras de vida, de conocimientos varios, de sabiduría y madurez. Narraba historias
y daba opiniones y consejos dignos de ser tomados en cuenta por la gente
sencilla de Iturbide, a quienes de paso servía como médico empírico.
Muchas
veces los escuché conversar y pude captar en sus palabras algunas de las
costumbres heredadas de sus ancestros, que estaban relacionadas con los tiempos
y los modos de trabajar la tierra y producir el imprescindible maíz. “Ixi’im”
le nombraban sus contertulios en lengua maya. Se referían al amado grano de
colores varios. Recuerdo las palabras, pero no me atrevo a escribirlas por el
poco conocimiento de su escritura y su fonética.
No
hablaban de hectáreas como se hace en la actualidad, se referían a “mecates”. Curiosa denominación métrica
que no representaba otra cosa que una superficie de terreno de unos
cuatrocientos metros cuadrados. Las referencias tampoco se daban en toneladas, más
bien se hablaba de “cargas”. “La
milpa dio dos cargas por mecate”, solía escuchar. Una carga, era la cantidad de grano que
contenía un recipiente de madera con forma de bote, provisto de un rasero
cilíndrico del mismo material. Lo llamaban simplemente “fanega”. Una fanega rasante
de grano pesaba alrededor de ochenta y cinco o noventa kilogramos y se envasaba
en un costal a medio llenar con la parte superior achatada y cosida con cuatro
dobleces.
Se
hablaba de “saco”, unidad de medida
consistente en un costal de hilo de henequén muy fino, de tejido compacto, que
quedaba repleto con el contenido de una fanega,
o sea un saco y algo más. Su peso
llegaba a ser de alrededor de cien kilogramos. El saco se sellaba cosiéndolo por las costuras del dobladillo de la boca con hilo de henequén enhebrado a una
enorme aguja “capotera”.
Además
de la fanega, a falta de básculas o
bien porque no les tenían confianza, los campesinos y comerciantes con sentido
práctico, utilizaban medidas más pequeñas como el “almud” y el “cuartillo”. Los
recipientes los elaboraban con maderas rojas en un cajón de forma cúbica; de
modo que el cuartillo contenía la
mitad de un almud, y ambos se
encontraban en el mismo contenedor con un fondo intermedio que los dividía.
La
cuestión de las medidas no paraba con el almud
y el cuartillo, dado que existía una
medida más pequeña a la que denominaban “cuarta”,
que se construía del mismo material con un volumen igual a la mitad de un cuartillo. El almud, el cuartillo y la cuarta, sintomáticamente brillantes a consecuencia
del desgaste producido por su reiterado uso.
Las
lluvias de mayo y junio; el desmonte, la quema, la siembra, la deshierba, la
dobla, la cosecha y el desgranado de mazorcas en una hamaca de hilo de la que
iba fluyendo el maíz a golpes de una enorme “tranca” de madera. Nunca oí hablar de fertilizantes o
plaguicidas.
La
troje, el grano más sólido para la semilla del siguiente ciclo, el más sabroso
para la alimentación de la familia; los excedentes para vender, eran términos
que escuché muchas veces y aprendí de memoria.
El
trueque por mercancías, las restricciones para su comercialización durante un
sexenio, y la imaginación como único recurso para transportarlo allende el
municipio y el estado a través de la selva pasando rancherías y campamentos como
“Yacatel” y Laguna “Huolpoch”.
Si
la memoria es fiel, esa ruta la recorrimos muchas veces con rumbo noreste, buscando
la carretera que une las ciudades de Tekax y Oxcutzcab en el estado vecino de
Yucatán, en donde solían apreciar mucho nuestro cereal y lo adquirían de
inmediato.
En
alguna nueva historia trataré de revivir los recuerdos con una mezcla de añoranza.
Hablemos bien de Campeche,
siempre
José
Saramago, el escritor, el novelista, el poeta, el periodista, el dramaturgo, el
Premio Nobel de Literatura a los setenta y seis años de edad, solía decir unas
palabras que siempre me han agradado: “He aprendido a no intentar convencer a
nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de
colonización del otro”.
Sirva
esta frase dicha también con respeto a quien con razón o sin ella considere que
me falta poder de convencimiento, que carezco de la capacidad de persuasión
necesaria para atraer a quienes son tan amables de leer mis comentarios
semanales. Esto es que, cuando expreso mis ideas, lo hago con el único afán de
manifestar lo que siento que es la verdad, si me creen o no, es cosa de
interpretaciones o mejor aún, de convicciones.
Corriendo
el riesgo consciente de ser interpretado equivocadamente, cada vez que lo
escucho, pienso que tiene razón el gobernador
Alejandro Moreno Cárdenas cuando afirma que los críticos de siempre han bajado
aunque sea un poco el tono de sus descalificaciones y de sus relativos ataques
a la administración que preside.
Deseo
ser optimista y pensar que el amor a Campeche en algunos casos ha prevalecido
sobre las críticas adversas y negativas. No pongo en tela de juicio esta razón,
porque para cualquier campechano que sienta un poco de amor por esta tierra, su
progreso es el suyo y su futuro está ligado inseparablemente al de nuestras
propias familias.
Eso
espero, porque he notado que amigos a quienes aprecio de verdad, han moderado
un poco la virulencia de sus expresiones y las han cambiado por comentarios
constructivos, propositivos y bien intencionados, por lo menos en favor de la
tierra que amamos y a la que deseamos lo mejor entre lo mejor, incluidos su
belleza y su progreso.
Estamos
en el umbral del arranque de un grupo de obras monumentales que habrán de cambiar
positivamente el rostro de nuestra patria chica. Al inicio de la segunda mitad
del año, pero principalmente a partir de la lectura del segundo informe del
jefe del ejecutivo, junto con el rostro bello de nuestras ciudades, irá
modificándose también la economía de los campechanos que tendrán nuevos trabajos
y se verán beneficiados el tiempo que duren las obras y su mantenimiento.
Pronto
también, estaremos inmersos en una ola poderosa que esperamos con interés; cuando
se dé la voz de partida, empezará la colosal campaña en la que sin duda alguna
nuestro joven gobernador tendrá un papel preponderante. Como candidato, como
presidente de partido, de la manera que sea, Moreno Cárdenas será figura
protagónica en el proceso electoral que ya se vislumbra en el horizonte.
Digo
lo de siempre: ¡Al tiempo!.
… Y ALGO MÁS
El gobernador campechano de
nuevo con la CONAGO
Alejandro
Moreno asistió a un nuevo encuentro con sus pares de otras entidades: la Sexta Reunión de la Comisión Ejecutiva para
el Desarrollo Integral de la Región Sur-Sureste de la Conferencia Nacional de
Gobernadores. Estuvo con ellos la Secretaria de Desarrollo Agrario,
Territorial y Urbano, señora Rosario Robles Berlanga.
Ahí,
los gobernadores abordaron temas relacionados con la seguridad, la migración, la
inclusión social, el medio ambiente, la infraestructura, el desarrollo
turístico y, especialmente, la implementación de las Zonas Económicas
Especiales. Fue en Chiapas y también estuvieron presentes los homólogos de ese
estado y de los de Tabasco, Quintana Roo, Oaxaca y por supuesto, el presidente
de la CONAGO, también gobernador de la Ciudad de México, y el titular de la
Autoridad Federal para el Desarrollo de las Zonas Económicas Especiales,
Gerardo Gutiérrez Candiani.
Se
espera mucho de estas reuniones, sobre todo tratándose de entidades que tenemos
fronteras con otros países; por supuesto también por el interés que reviste la
ya cercana inclusión a una ZEE que en el caso de Campeche, como lo afirma con
seguridad nuestro gobernador, será la más grande de todas las que se integren.
En
días pasados se dio a conocer en la prensa nacional que algunas entidades
federativas están ya desarrollando este programa. Enunciativo, para nada
limitativo. Tal vez por su relevancia como productores de petróleo, Campeche y
Tabasco están siendo evaluados y considerados para entrar de lleno próximamente
al universo de beneficios que el programa traerá consigo.
Cuarta edición de la Rueda
de negocios
Desde
cualquier punto de vista, la reunión durante los dos últimos días del recién
concluido junio, resultó un hecho relevante. Como no considerar de esa manera
la circunstancia de reunir en esta ciudad a un número mayor a ciento cuarenta
empresas exportadoras de treinta de las entidades mexicanas, y a cuarenta
potenciales compradores de países como Alemania, Bélgica, Brasil, Colombia,
Estados Unidos, Guyana, Guatemala, Polonia, Ecuador, Uruguay, Eslovaquia, Reino
Unido, Países Bajos, Puerto Rico, Singapur y Corea del Sur.
Presidieron
el acto Claudio Cetina Gómez, Jefe de la Oficina del gobernador con su
representación; el Secretario de Desarrollo Económico estatal, José Domingo
Berzunza Espínola; el Coordinador Regional de ProMéxico, Fernando Torres
Parraud; el coordinador de Promoción Comercial de
la Agencia de Servicios a la Comercialización y Desarrollo de Mercados
Agropecuarios, Manuel Pozo Cabrera; y el jefe de la Unidad de Desarrollo
Sectorial de ProMéxico, César Jesús Fragozo López.
Fue
un acontecimiento importante que permitió a los empresarios nacionales y
locales dar a conocer toda la gama de productos y servicios de calidad que
tienen para ofrecer al mundo, incluida la producción de un campo deseoso de
recibir los adelantos de las técnicas más modernas para su progreso.
Bienvenida
ésta, y todas las oportunidades que permitan a México y a Campeche abrir de par
en par sus puertas y ventanas para acceder al anhelado primer mundo con todas
sus ventajas.
El PRI volvió a mostrar el
músculo
¡Lo
volvió a hacer, y de qué manera!. El acto realizado por el Partido
Revolucionario Institucional el pasado sábado, primer día de la segunda mitad
del año, congregó a cientos de priistas campechanos. Un recinto pletórico y quinientos
nuevos integrantes del Consejo Político Estatal 2017-2020 se dieron cita en el
Centro de Convenciones “Siglo XXI” para la sesión solemne de instalación y toma
de protesta estatutaria.
Importante
muestra de que en ese partido existe capacidad de organización y poder de
convocatoria. Ahí estuvimos con agrado igual que los demás asistentes. Una
llamada, un mensaje, bastaron para
asistir gustosamente a saludar a viejos y nuevos amigos.
Señal
de organización y de inclusión, a diferencia de otros tiempos y de otros institutos
políticos que debaten sin cesar y libran batallas legales, no para decidir
cosas trascendentes, sino para resolver problemas internos y dirimir conflictos
que sólo a unos cuantos interesan.
Bien
por la dirigencia estatal que preside Ernesto Castillo Rosado, bien por su discurso
en el que como los que le he escuchado
últimamente, se notó más asentado, más político, y con un adecuado lenguaje
corporal a la hora de dirigirse a un público integrado lo mismo por gente de
amplia y reconocida carrera política y administrativa que por militantes priistas
y líderes de diferente género e ideología.
Qué
decir del excelente mensaje de Alejandro Moreno Cárdenas, figura principal de
la Comisión Política Permanente. Pausado, medido, hasta su clímax de alto nivel
y contenido en el que fiel a su costumbre, pero esta ocasión mucho más
motivado, se refirió a Enrique Peña Nieto como un presidente reformador, de
convicciones, valiente y de principios y valores, para agradecerle su amistad y
su respaldo en favor de los campechanos y su progreso.
Lo
dicho, el acto me agradó y me sentí muy complacido de haber participado.

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