domingo, 26 de agosto de 2018

DE MUCHO, UN POCO/Marco Tulio Cicerón y la política actual












El libro “Derecho Romano”, de Morineau Iduarte e  Iglesias González, dedica una amplia sección a la definición de personalidad, cuyo origen lo atribuye a las máscaras con las que los actores se caracterizaban en el proscenio. Suerte de cajas de resonancia "per sonare”, para que suene, para que se escuche la voz; de ahí se derivó la palabra personalidad.
Complemento indispensable de este atributo, el nombre, formado por extrañas combinaciones que incluían dinastías, linajes y gentilicios, y hasta ciertos atributos o defectos físicos, como es el caso de Marco Tulio Cicerón, del italiano “cicero” -chícharo, garbanzo-, en alusión a una rugosa protuberancia situada en el extremo del apéndice nasal del personaje. 
El cónsul plebeyo, uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa latina de la “res pública” romana, autor de bellas cartas enviadas a su amigo historiador y editor Titus Pomponius Atticus, mereció el reconocimiento de intelectuales de la talla del biógrafo e historiador Cornelius Nepos, y de la gente culta de la Europa antigua.
Cicerón se refería en sus epístolas a las inclinaciones negativas de los líderes políticos, a sus debilidades y pasiones, a los vicios de los comandantes del ejército, y a otras cosas. Todo lo que a su juicio pudiera dañar la solidez de la república romana.
Defendió con pasión el sistema republicano tradicional y combatió con ferocidad la dictadura del César; sin embargo; muchas veces bajo presión, no puso reparo en cambiar su postura de acuerdo a las circunstancias políticas del momento.
Su indecisión, fruto de un carácter sensible e impresionable, lo fue también de su entrañable amor a su estado y de la presión de la gente que lo seguía. Propenso a reaccionar de manera excesiva, Cayo Asinio Polión, el cónsul, militar, poeta y estadista escribió de él: "¡Ojalá hubiera sido capaz de soportar la prosperidad con mayor autocontrol y la adversidad con mayor energía!".
Haciendo caso omiso de la opinión casi generalizada sobre sus cambios de rumbo, el sabio pronunció dos frases muy significativas: "Hago más caso del testimonio de mi conciencia que de todos los juicios que los hombres hagan por mí". "Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo".
La historia, la gran maestra de la vida, y la cultura romana, cuna y origen y eje rector de nuestro actual estado de derecho, siempre serán útiles para comparar y de ahí mejorar la relación entre el estado y los ciudadanos, y calificar y evaluar a los hombres y mujeres que tienen en sus manos el destino de la patria.
Sirva la relación para destacar el estado de cosas que están teniendo lugar en México a partir de la elección del primer domingo de julio, y calcular anticipadamente lo que habrá de sobrevenir a partir del primer día de diciembre, fecha de inicio del mandato que los mexicanos decidieron a favor de Andrés Manuel López Obrador.
Se sabe que el presidente electo ha asumido una actitud de gran responsabilidad, que ha dejado atrás las frases incendiarias y las acusaciones sin ton ni son. Se dice de él que está analizando con gran cuidado el tema económico, y pensando en lo que será mejor para el equilibrio de las finanzas nacionales -su gran prioridad-, sin olvidar las obras y beneficios sociales ofrecidos durante su campaña.
Ha habido hasta hoy, asunto histórico, una transición que para propios y extraños resulta inédita. Una entrega del poder paulatina, medida, hasta se diría que calculada y dosificada; sin embargo; la presión está ahí, firme, constante, tenaz, por parte de ciertos seguidores que claman por dramáticos rompimientos, por absurdos choques entre connacionales, y por largas noches de cuchillos largos.
Algunos radicales piden a gritos el levantamiento de muros para impedir que los políticos escapen, como si pudiera generalizarse el desprestigio de algunos y se dudara de todos. Como si el primer día del último mes del año fuera el inicio del holocausto en lugar del comienzo de una nueva era de progreso para el país.
Ojalá el próximo presidente no se deje influenciar, se mantenga firme y siga tendiendo puentes de diálogo y comunicación, lo mismo con la gente valiosa de la sociedad que con sus anteriores adversarios; de esa manera; allanaría el camino para la vida democrática y, mejor aún, para una coexistencia de los mexicanos en paz y prosperidad.
Tal vez, sólo tal vez, en la gente de los partidos derrotados encuentre la serenidad y el apoyo que requerirá para el cumplimiento del gran compromiso que se ha echado a cuestas. ¡Tal vez! ¡Sí" ¿Por qué no?

Tito no es el único culpable 
No lo es, afirmarlo sería injusto y desproporcionado, como injusto y desproporcionado sería asegurar que la muy dolorosa derrota del PRI tuvo una sola causa y un gran efecto.
La historia inició el mes de diciembre de dos mil doce, con un partido que tras dos sexenios de ayuno, irrumpió en la escena nacional con la obtención de la presidencia y la mayoría de las posiciones federales, estatales y municipales en juego.
Enrique Peña Nieto, tras una gubernatura exitosa, simplemente avasalló a cuanto contendiente se le puso al frente en la pelea por la candidatura, para después, arribar a la primera magistratura con una diferencia de votos incuestionable.
Justo al amanecer del sexenio, el “Pacto por México”, y un paquete de reformas estructurales de las que se auguraban mejoras en la economía de los mexicanos, y de nueva cuenta, el tintinear de las monedas en sus bolsillos.
Un inadecuado manejo político e informativo mermó la confianza. Surgieron la casa blanca, Ayotzinapa, falta de resultados en la reforma energética, filtración de nombres de políticos convertidos en petroleros, gobernadores y funcionarios corruptos, incrementos en los energéticos. Todo un rosario de inconvenientes.
Luego, la nominación de un candidato ajeno -no ciudadano-, con prestigio personal pero sin carisma a quien la gente culpaba de los incrementos en los combustibles, y al que las bases nunca terminaron de considerar como uno de los suyos. Tampoco logró levantar en el ánimo de los electores. La suerte estaba echada.
En Campeche, al PRI le fue mejor que en otras partes, no cabe duda, pero se vivió el reflejo de lo que ocurrió en el resto del país. Un trabajo político incompleto, vertical, selectivo, lejano a antiguos liderazgos, aún con la apuesta a la labor incansable de su mejor activo, el gobernador Alejandro Moreno Cárdenas, fue importante, pero no fue suficiente.
Después de lo ocurrido, independientemente de que se den o no los cambios que presionan y reclaman los que no saben de tiempos políticos, los priistas están obligados a trabajar sin perder un solo día para recuperar los espacios perdidos y reconquistar lo que en el pasado reciente los hizo fuertes. Mientras, es tiempo de pensar que Ernesto Castillo Rosado no fue el único culpable. 

… Y ALGO MÁS

El Tren Transpeninsular y el turismo de la región 
Respuesta oportuna y adecuada a la inquietud del gobernador del estado por acelerar el progreso de Campeche, las reuniones a las que fue invitado la semana anterior. Primero con Rogelio Jiménez Pons, próximo director del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Integrantes de su equipo de trabajo involucrados en los temas económico y turístico lo acompañaron a la cita.
Lo tratado tiene que ver con uno de los veinticinco principales proyectos del próximo presidente, el ya conocido como Tren Maya, obra a la que nuestro gobernador se refirió en su reciente tercer informe solicitando que en su ruta se incluya al estado de Yucatán.
Moreno Cárdenas asegura que el nuevo sistema ferroviario, "generará una mayor integración regional y aprovechará el gran potencial natural, cultural, histórico y gastronómico que existe en toda esta vasta zona del país, lo que detonaría la actividad económica y la creación de más oportunidades de empleo". Por lo original y novedoso de dicho proyecto se dirán muchas cosas más, no se dude.
En otra reunión, el jefe del ejecutivo y el propuesto secretario de turismo, Miguel Torruco Márquez, llevaron a cabo importantes acuerdos para detonar la actividad en la península, incluyendo tareas de promoción, conectividad regional, arribo de cruceros y, por supuesto, el multicitado Tren Maya.
Nos hemos referido en varias ocasiones a la importancia del turismo para el futuro económico de Campeche, que se magnifica con los planes del siguiente gobierno federal ligados a la actividad que no ensucia, no contamina, no daña el medio ambiente, pero genera empleo, desarrollo y crecimiento económico.
Próximamente haremos algunos comentarios recordando la anterior columna en la que mencionamos el malogrado programa ferroviario del expresidente Porfirio Díaz Mori. 

El puente va 
Inconcebible que de quienes debieran ser sus más aferrados impulsores, surjan voces que apuesten a que las cosas fallen y el nuevo Puente de la Unidad no se haga realidad.
Absurdo que algunas acciones provengan de la región que será la principal beneficiaria. Es una pena, una grande y lamentable pena… pero el puente ¡Va!

 

       

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