domingo, 16 de septiembre de 2018

DE MUCHO, UN POCO/Ecos del Gilberto

 
De más está decirlo, durante la ceremonia del “Grito de Dolores” aquella fatídica noche del quince de septiembre de mil novecientos ochenta y ocho, los rostros preocupados de los funcionarios estatales y municipales eran lo común. Militares y marinos, estaban ya desplegando programas de ayuda en tierra y mar y en ríos y lagunas.
La Secretaría de la Defensa Nacional a través de su programa “Plan de Auxilio a la Población Civil en Casos de Desastre”, más conocido como PLAN DN-III-E -creado en octubre de mil novecientos sesenta y seis a consecuencia del desbordamiento del Río Pánuco-, fue decisivo para el rescate de los campechanos afectados por el fenómeno, junto con su patrimonio. Su eficiencia se basó en el involucramiento de todas las autoridades civiles, medios de comunicación y población en general.
Hace unos días, en el programa “Las Mañanas con Tomás” del canal local Mayavisión, los periodistas Leonor Presuel, Tomás Zapata y Oliver Pacheco, señalaron acertadamente que la contingencia derivada del poderoso huracán Gilberto, fue un parteaguas en la historia de los fenómenos naturales en Campeche, algo así como fue para el entonces Distrito Federal el terremoto del ochenta y cinco.
Retomando el hilo de los recuerdos, una vez concluida la ceremonia bajo techo, me apresuré a bajar por las escaleras del  segundo piso del “Palacio”, para encontrarme con el chofer del gigantesco vehículo de carga movido por un motor a diésel, que ya me esperaba por el lado norte del edificio, frente a la plaza “Moch Couoh”.
El retorno a casa fue mucho más lento que la ida, porque comprendió una gran vuelta por calles de San Francisco y Santa Ana, para esquivar la colosal laguna que se formaba alrededor de un terreno baldío de conocido político, donde ahora funciona un enorme supermercado.
A la mañana siguiente, un poco de chocolate para el desayuno, acompañado de unas  rebanadas de pan del día anterior. Al medio día, una sopa de fideos cocinada con agua de la lluvia, un poco de sal y sin condimentos. El racionamiento obligó a que de merendar, nada. La historia se repitió durante dos días más, hasta que no había absolutamente nada que comer, lo que se agravaba por la terrible obscuridad por no contar siquiera con un "cabito" de vela.
Un vecino, quien años después se hizo mi consuegro, me ofreció su bote de pesca para salir a recorrer las calles inundadas en busca de algo de alimento para mi familia. Como diversión, los dos hijos del señor, y los tres míos también, de inmediato abordaron la lancha y se dispusieron a correr una original aventura.
Cuesta abajo, de la esquina al mercado, unos ciento cincuenta metros, todo fue de maravilla, bogando a favor de la corriente y sin usar el motor, para arribar en unos cuantos minutos al edificio. Amarramos el bote a un poste frente a una conocida abarrotera, por cierto cerrada, lo mismo que la casi totalidad de los comercios de los alrededores y del mismo Sáinz de Baranda.
Casi gritamos de alegría ante la vista de un pequeño negocio que abrió por solidaridad con la gente afectada que hacía fila para comprar lo que podía. Una bolsa de pasta de “lacitos”, tres tomates muy maduros, dos zanahorias secas, una cebolla manchada, una cabeza de ajo incompleta, un chayote con un brote que ya era una plantita, una botella de aceite y, lo más grandioso, un paquete de pan blanco de la marca Trevi escrita en letras rojas que nos alegró la vida. Fue nuestra parte del racionamiento.
Depositada en la embarcación la bolsa con el exiguo alimento, ahora sí, a retornar a casa. La vuelta alrededor del mercado que entonces era posible, fue muy rápida, hasta que nos encontramos con la difícil situación de una cuesta que el barquito no podía remontar por sus propios medios, y el motor no funcionaba por tanto objeto sumergido. Remar contra la corriente, imposible.
Salto rápido a las aguas antes de que nos arrastrara, tomo la soga de amarre al muelle, y a asegurarme ésta a la cintura. Después, a arrastrar la embarcación con sus cinco jóvenes y alegres tripulantes a bordo, por más de dos cuadras hasta tocar tierra.
Al llegar a terreno firme, el agotamiento físico sufrido, me mantuvo tirado en el piso durante más de una hora para reponer un poco las fuerzas, pero no fue impedimento para que junto con mi compañera y los rapazuelos, disfrutáramos de la más deliciosa sopa “minestrone” que ser humano haya probado alguna vez, acompañada de rebanadas de pan "pecoso" por los incipientes hongos.
No hay felicidad completa y menos duradera, sobre todo en aquellas circunstancias. La inundación seguía y seguía, los escasos víveres se terminaron y, otra vez, a buscarle, porque los hijos y mi musa-lazarillo tenían que comer.
Un terreno sembrado de fieros dobermanes de todos los tamaños, no fue impedimento para explorar por un extremo que no se me había ocurrido antes. Un amable vecino conteniendo a los animales, me permitió ganar la calle y encontrar una tienda propiedad de una hermosa pareja de ancianos que merecen un recuerdo que con esfuerzo recrearé si alguna ocasión me lo permite. 

¡No nos vayas a fallar! 
“¡No nos vayas a fallar!”; fue el clamor de miles de voces de  mexicanos seguidores la noche del domingo dos de julio del año dos mil en avenidas, calles y caminos del país. Se dirigían a Vicente Fox Quezada, el candidato ganador de la elección presidencial. 
 “¡No les voy a fallar!”, fue el grito espontáneo de Andrés Manuel López Obrador, ganador de esta última elección y presidente electo para el período comprendido del primer día de diciembre de dos mil  dieciocho hasta el último de noviembre de dos mil veinticuatro, o antes, si así lo decide la soberanía camaral.
En el primero, la frustración y el enojo no tardaron en asomar, por una parte por la decepción de sentir que nada había cambiado, que la frivolidad se posesionó del gobierno, y que al final del sexenio, seguían ahí las “tepocatas”, las “víboras prietas”, y tantos y tantos especímenes que habían traicionado la confianza de los electores.
El cambio de mando a un compañero de partido en circunstancias poco convincentes y el inicio de una espiral de violencia por una guerra sin sentido, puso en el umbral de una nueva oportunidad a un candidato fuerte del partido desplazado doce años. La voz de partida: “que se vayan los ineptos y regresen los corruptos”. Para la antología de la historia de los absurdos.
Tras una doble alternancia que simplemente no pudo con el peso de la responsabilidad de hacer un gobierno de resultados, una población agraviada, molesta, decepcionada, acudió a las urnas el primer domingo de julio último, para otorgar más de treinta millones de votos a favor de un candidato tesonero, contumaz, y en apariencia, con prisa por servir.
Nunca o casi nunca en la historia reciente, un grupo -o más bien, un hombre que aún no llega al poder-, había despertado tanta expectativa y, por qué no decirlo, tanta ilusión por un cambio con nuevos rostros y mejoras con justicia social. La expectativa surgió y creció a partir de promesas hechas durante su campaña. 
Los mexicanos que votaron por Morena se encuentran ansiosos, expectantes, confiados en que sus sueños e ilusiones se harán realidad; que los pobres tendrán un futuro del tamaño de sus esperanzas; que se castigará con todo el peso de la ley los actos de corrupción; que habrá empleo y mejores salarios para todos; pensión universal al doble para los adultos mayores; universidad gratuita para los que estudian; apoyo económico para jóvenes que ni estudian ni trabajan; austeridad republicana, cualquier cosa que esto signifique; disminución de la distancia entre políticos y pueblo; gas, luz y combustibles más baratos y; que no haya ningún funcionario mexicano que gane más que el presidente. 
Se ofreció así en la campaña y la gente lo desea convertido en una realidad en el corto o mediano plazo. Seguro que López Obrador no está dispuesto a desilusionar a sus seguidores ni a defraudar la confianza que le fue depositada.
Ese es el deseo y el gran anhelo popular, lo que obliga a las próximas autoridades del ámbito que sea, a gobernar con resultados, a celebrar acuerdos, a trabajar hombro con hombro con los gobernadores y con los funcionarios de todos los partidos en una actitud democrática, incluyente, federalista y de franca colaboración. Antes que buscar el enfrentamiento estéril, deberán promover la paz y la concordia.
Seguro así lo está entendiendo el futuro presidente, así se le nota en las últimas reuniones que ha tenido con la Asociación Nacional de los Gobernadores en la que el nuestro, Alejandro Moreno Cárdenas, es una voz serena que pide, que reclama, que discute, pero también ofrece, tanto su solidaridad con la próxima administración como su mano franca de campechano de bien.
El resultado de esta buena relación lo tenemos a la vista. Pronto, tan pronto como el próximo mes, Andrés Manuel López Obrador visitará Campeche para continuar platicando con los gobernadores de la región acerca del proyecto del Tren Maya.
Pero antes de esa fecha, vendrá por última vez al estado, al menos como presidente de los mexicanos, el mejor amigo y el gran aliado de Campeche y los campechanos, Enrique Peña Nieto, quien a no dudarlo, recibirá emocionado el testimonio de amistad y gratitud que el pueblo y el gobierno saben expresar a quienes se entregan a sus mejores causas. 

... Y ALGO MÁS 

El último informe de Peña Nieto 
La lealtad es un bien que no cotiza en la bolsa de valores, ni tiene un precio en el mercado; sin embargo; es un valor que corresponde a las personas agradecidas y sólo en ellas puede hallarse. En estos tiempos de deshonor y afectos cambiantes, es de ponderarse a quien bajo  cualquier circunstancia, se pone del lado del amigo, del político o del funcionario que atiende sus reclamos. Ese es el caso del gobernador de Campeche.
Alejandro Moreno Cárdenas, acompañó al presidente Peña Nieto en el patio central del hermoso Palacio Nacional durante el mensaje que envió a la nación con motivo de su sexto y último informe de gobierno.
En el acto, el mandatario federal aseguró que hoy México es un mejor país que hace seis años, que hay resultados tangibles, importantes fortalezas y estabilidad política, social y económica que sientan las bases para seguir creciendo en los próximos años. “He gobernado haciendo frente a los retos del presente, pensando en todo momento forjar un México para las próximas generaciones y que sea un país más justo, libre y próspero”, fue su afirmación.
Honor a quien honor merece, y es el caso de Moreno Cárdenas, quien en todo momento y en cada discurso en el que ha hablado de las obras que se realizan en Campeche, ha dejado muy claro, como lo siente, que el primer mandatario nacional, Enrique Peña Nieto, es “el mejor amigo y el gran aliado de Campeche”. 

Acciones del Voluntariado DIF 
En lo social, cultural y asistencial, se ha puesto de manifiesto siempre la acción humanitaria y desinteresada del grupo de damas voluntarias de Campeche. La señora Christelle Castañón de Moreno, presidenta del Patronato del DIF Estatal, junto con doña Victoria Damas de Aysa, titular del Grupo de Participación Ciudadana, no dejan de llevar a cabo acciones que sirven y benefician a las familias.
La reinauguración del Centro de Desarrollo Comunitario “La Esperanza”, acto reciente en el que las acompañó en representación del gobernador el Secretario General de Gobierno, Carlos Miguel Aysa González, pusieron de nuevo en servicio un espacio rehabilitado que beneficia directamente a las familias. La inversión de tres millones de pesos valió la pena.
El Centro de Desarrollo Comunitario (CDC) “La Esperanza”, promueve actividades variadas para el buen uso del tiempo libre, la apropiación de competencias para mejorar el ingreso familiar, la recreación, las habilidades artísticas y la sana convivencia entre los habitantes de las colonias. 
Excelente aportación al mejoramiento del tejido social y de la calidad de vida de los campechanos. 

Otra vez la cargada por la salida de Ernesto 
Ya hemos afirmado y lo sostenemos, que en los hechos relacionados con las campañas últimas y sus resultados, tuvo que ver, y mucho, el hartazgo ciudadano, el cansancio popular y, por supuesto, el reflejo de un personaje del cual se “colgaron” la mayoría de las candidaturas, incluidas las de otros partidos diferentes a Morena.
No obstante, localmente, los resultados no fueron de la misma magnitud que los de otras regiones -mencionarlas sería ocioso-, ni marcaron la debacle. Un poco porque Campeche es un estado significativamente priista; un mucho, por el trabajo tesonero de su gobernador, pero se obtuvo en lo local la mayoría de los cargos disputados, varios de ellos en curso de resolución en los tribunales de alzada.
La sorpresa es que hasta quienes no pertenecen al PRI, se han sumado a las voces de algunos despistados que piensan que por la “presión” que ejercen se va a acelerar la decisión y llegará a la dirigencia local el candidato -o candidata- de su simpatía, preferencia, o tal vez, de su interés.
Algo parecido sucede con la dirigencia nacional, a la que se ha candidateado al gobernador campechano una y otra vez y en diferentes medios. Mientras tanto, Alejandro Moreno Cárdenas sigue sin cesar tocando puertas y visitando a los amigos que ha hecho en su trayectoria como político, para realizar gestiones en favor de Campeche y su progreso.
Los tiempos son importantes, muy importantes, y los de los partidos políticos, incluido por supuesto el Revolucionario Institucional, no los definen los amigos, los interesados, y mucho menos las redes sociales. 

Bien trazado el Ecuador 
El diccionario lo define de esta manera: “En geografía, el ecuador es la línea imaginaria, equidistante de los dos polos geográficos y perpendicular al eje de rotación de la Tierra, que divide el planeta en dos hemisferios: norte y sur”. Sirva la alegoría para hablar un poco de política.
En la noche del quince, se trazó una línea real, no imaginaria, un ecuador que divide exactamente en dos partes el sexenio de Rafael Alejandro Moreno Cárdenas, el político más destacado que ha tenido Campeche en la época contemporánea, junto con Carlos Sansores Pérez y Rafael Rodríguez Barrera.
La mañana del dieciséis, comienza un nuevo ciclo, justamente la segunda mitad del sexenio, casi en la víspera del arribo al poder de una administración de corte diferente a lo que estamos acostumbrados, la izquierda. Un parteaguas en nuestra vida como nación.
Moreno Cárdenas es una personalidad nacional por sus resultados como gobernador y el liderazgo justamente ganado entre sus homólogos de todo el país. En los tiempos por venir, será una figura importante, confiable y respetada. Sin regateos, Alejandro será un interlocutor de gran fuerza moral e institucional. Dicho con la mayor convicción. ¡Al tiempo!
 

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