Pocos podrían asegurar que una protesta
pacífica, de la clase que sea, necesariamente incide en un cambio en las
políticas públicas, sobre todo en las que tienen que ver con el sector energético. Tratándose
del imprescindible servicio eléctrico, con mucha mayor razón.
Sin embargo, nadie es totalmente insensible a sus efectos, y a ningún funcionario por altanero o autosuficiente que sea le pueden
resultar ajenas las potenciales repercusiones. Si ahora le sumamos la proximidad de
un nuevo período gubernamental federal y los consecuentes cambios de paradigmas,
las cosas se complican un poco.
Para quienes lo vivimos, algo por el estilo
ocurrió en los lejanos ochentas, cuando una representación de las fuerzas sociales,
empresariales y políticas, se sumaron a una serie de movimientos de protesta ante
el gobierno federal por su decisión de trasladar la Administración Fiscal Regional
a la vecina ciudad de Mérida.
Las razones para mudar la dependencia, eran
tan simples y baladíes como la supuesta escasez de servicios y, en el colmo del
absurdo, la falta de centros comerciales y sitios de diversión en la entonces
pequeña y provinciana ciudad amurallada.
En aquella ocasión, organizados y motivados
por el sector empresarial, funcionarios gubernamentales, industriales, comerciantes y un nutrido
contingente de la sociedad, entre la que se encontraban muchos
políticos, marchó por el Circuito Baluartes y calles del Centro Histórico para
reclamar que se les estuviera arrebatando algo que consideraban suyo.
Hasta donde la memoria permite recrearlo,
el Partido Revolucionario Institucional estuvo presente en aquel evento a través
de su dirigencia estatal y cientos de militantes, entre los que se encontraban funcionarios estatales y municipales. Era el tiempo de una
democracia sui géneris, casi sin oposiciones.
Como en el pasado, de nuevo el
sector patronal alzó la voz y se hizo solidario con la población. En respuesta, lo hemos comentado, el PRI tomó las calles y se
plantó a las puertas de la paraestatal Comisión Federal de Electricidad para unirse al reclamo popular. Consciente de su papel de
oposición y convencido de que aunque ya no es el partido mayoritario a
nivel nacional, continúa siendo la primera fuerza en el estado, y solidariamente comprometido.
Lo importante es que después del acto de
presión encabezado por los priistas con Jorge Lazo e Hilda Velázquez al frente,
la flama no se extinguió, por el contrario, la sociedad campechana inició una
nueva batalla, ahora más original y contundente. Autoridades estatales y
municipales, empresarios, profesionistas, estudiantes, la mayoría de los
ayuntamientos y gente sencilla como usted y como yo, se decidió por otros caminos.
Fue curiosa y motivadora la respuesta al llamado
a apagar las luces durante una hora. Simbólico si se quiere, pero impresionante, tanto
por la imagen de casas y edificios públicos a oscuras -con notorias y
desagradables excepciones injustificadas-, respondiendo al exhorto a manifestarse de manera pacífica,
pero enérgica.
Las casas en tinieblas y los ocupantes
intercambiando fotografías desde sus redes sociales, pusieron de manifiesto que
los campechanos se encuentran ya muy politizados y motivados. El gobierno estatal y los ayuntamientos
que así quisieron, mostraron su cercanía y apego a sus gobernados y les
hicieron sentir que están con ellos en sus mejores causas. Los que se
abstuvieron, sus razones tendrían para decidir no ponerse del lado de la gente.
Aunque
representen intereses contrarios al partido mayoritario, algunos otros, y en
especial el que cuenta con mayor apoyo de la población nacional y la mayoría de las
cámaras federales, también la presidencia de la república -Movimiento de
Regeneración Nacional-, no tuvo inconveniente en apoyar a los campechanos,
independientemente de su filiación partidista.
La batalla aún está en sus inicios y de
ella se esperan resultados tangibles, sobre todo, porque el asunto de la energía
eléctrica fue parte de la agenda de Andrés Manuel López Obrador en su campaña. Mientras
tanto, parafraseando aquel dicho popular, tenemos que reconocer que cuando
la mayoría decide apagar sus luces, es porque ya es hora de amanecer, y al parecer
los campechanos poco a poco están más organizados y despiertos.
De
casta le viene al galgo
Muy utilizadas las primeras seis palabras
del aforismo integrado al refranero popular español, enriquecido por la aportación del autor
de Don Quijote. Completo dice lo siguiente: “De casta le viene al galgo el ser
rabilargo”. Se refería el mutilado combatiente de Lepanto a la herencia
genética de los progenitores. En el caso del secretario de salud, Rafael
Rodríguez Cabrera, el legado viene de su padre, don Rafael Rodríguez Barrera, de grata
memoria en los campechanos.
El doctor llegó invitado a una sesión
camaral significada por los ánimos encendidos de su “ala radical”. Como es su
estilo, tranquilo, reposado, pero sobre todo, preparado con los conocimientos y
la información que le estaba siendo demandada. No llegó solo, tampoco
desapercibido, llevó consigo todo un equipo que incluía un grupo de enfermería
especializada en medicina preventiva.
Y al final, entre abrazos afectuosos y apapachos,
quedaron aclaradas las dudas por las carencias y necesidades del Hospital
General “María del Socorro Quiroga Aguilar” de Ciudad del Carmen. Las vacunas a
los ya sonrientes diputados devolvieron la calma y acreditaron las dotes profesionales, oratorias y políticas del mayor de la familia formada por don Rafael y doña
Socorrito.
... Y ALGO MÁS
La
cultura de la protección civil llegó para quedarse
Sus antecedentes más remotos los podríamos
situar primero en los acontecimientos derivados del devastador sismo del
diecinueve de septiembre de mil novecientos ochenta y cinco en la ciudad de
México. Localmente, tres años después, en plenas fiestas patrias, con el
furioso y destructor paso del huracán Gilberto.
Por estos días lo confirmó el gobernador
Alejandro Moreno Cárdenas en la sesión extraordinaria del Consejo Estatal de
Protección Civil que presidió, al señalar que, “la cultura de protección civil ha permeado en la población”. No era
para menos, las lluvias y vientos ocasionados por el frente frío número diez, golpeaban
con extraordinaria fuerza a la población, principalmente de Ciudad del Carmen y la
Capital.
Organizados desde el seno del Consejo, como
sucede siempre en estos casos, Ejército, Marina, Policía Federal, Capitanía de
Puerto, CFE, y dependencias locales como FGE, PEP, SEDUOPI, SEPROCI, Salud y Educación,
trabajaron coordinadamente y al final, salvo afectaciones en lo material, todo
transcurrió con saldo blanco gracias a las actividad coordinada, eficiente y oportuna.
Otra vez, así lo dio a conocer el
gobernador, no faltó la pésima actitud de gente con alto grado de incivilidad
que aprovechó la situación para intentar crear alarma, caos y desconcierto. Desinformación
o información falsa para inducir al error y de paso exponer a sufrir riesgos a
la población es por lo menos condenable, si no es que punible.
López
Obrador respalda a Campeche y a su gobernador
Andrés Manuel López Obrador estuvo dos días en nuestra casa común; de aquí viajó
al estado vecino. Se habrá traslado por carretera y enterado del estado cada
vez más grave de la vía que inaugurara seis años antes el expresidente Felipe Calderón.
El ya casi presidente constitucional estuvo
en Mérida para evaluar los avances del proyectado Tren Maya. Lo acompañaron futuros
funcionarios federales y los gobernadores de la región, entre ellos, Alejandro Moreno Cárdenas, entusiasta
impulsor de la obra. El gobernador aprovechó la oportunidad para plantear varias
solicitudes, en especial la reparación de la importante vía que requeriría el levantamiento
y reconstrucción de parte de la actual, y la reedificación de varios puentes y pasos elevados.
Es previsible que se ordenará una
investigación exhaustiva que incluya revisión de contratos y aplicación de
técnicas y uso de materiales que tal vez, sólo tal vez, no cumplieron con las
especificaciones ni con los estándares requeridos.
Sería un buen principio. ¡Seguro que sí!

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