Día
especial el miércoles anterior. Agradable encuentro con una amiga y su joven
hija. Recuerdos de juventud, y durante la larga charla, el nombre de un militar
emparentado políticamente con las damas. Me hizo recordar la Dirección de
Acción Social en el gobierno de don Rafael Rodríguez Barrera, junto con mi
inolvidable amigo, el profe, Gustavo Pérez Vera.
El
militar, con grado de brigadier, sirvió un tiempo como agregado en una
embajada, y también participó en el cuerpo de élite encargado de la seguridad
del presidente de la república y de los altos funcionarios del gobierno
federal: el Estado Mayor Presidencial.
El
general solía contar que no había mayor honor que cuidar la persona del jefe de
las instituciones nacionales. Sin variar, cualquier falta o incumplimiento se
sancionaba con un largo arresto y hasta podía ocasionar un consejo de guerra.
Después del primero de diciembre de cada seis años -decía el general-, puedes
recibirlo hasta con un “coscorrón”, y no pasa nada.
El
presidente no podía dar un paso sin supervisión; pese a ser el jefe máximo de
las fuerzas armadas, se controlaban sus movimientos ocasionando a veces su
incomodidad. No podían exponerlo a riesgos, lo que incluía preservarlo de
momentos incómodos. Su integridad física y moral era y es, asunto de alta seguridad nacional.
Un
presidente del vecino país del norte, el alto y espigado Gerald Ford,
republicano que ocupó la presidencia tras la renuncia de Richard Nixon por el
caso Watergate, fue reiteradamente propenso a los accidentes. Terminaba con
chichones por los “frentazos” con las puertas, y alguna vez cayó rodando por
las escalerillas del Air Force One. También sufrió salpicaduras de pintura
fresca en el oscuro traje. ¡Aquí es
imposible que suceda!, me dijo con convicción el general.
El
tema lo concebí motivado, pero sobre todo, preocupado por la manera en la que
el ya casi presidente se mueve entre la gente. Se expone demasiado. Es común
verlo a bordo de un modesto vehículo sin más compañía que su chofer, visitando
un cementerio, un comercio, haciendo fila en un aeropuerto, y saludando y
tomándose la foto con los que se le acercan.
Nuestros
connacionales en su inmensa mayoría son buenos y nobles; saben dar la mano
y brindar su afecto a aquellos en los que confían. Me parece que Andrés Manuel
López Obrador cuenta con el cariño y el respaldo de muchos millones de mexicanos.
Sin
embargo, el exceso de confianza del ya casi presidente es un asunto de estado
que ocupa, y sobre todo, preocupa a sus más cercanos colaboradores. Camina
entre la gente como si no viviera en un país con serios problemas de violencia
social, acrecentada por la polarización política que se radicalizó durante
las campañas con docenas de candidatos sacrificados.
Su
afirmación de que su integridad física no depende del aparato oficial y
solamente se atendrá al apoyo de un puñado de colaboradores y los medios que
considera afines, no es garantía de seguridad. Cuando dice, "Me va a cuidar la gente, el pueblo, y me van
a cuidar ustedes, porque no me van a apachurrar, y estoy hablando de
camarógrafos y fotógrafos porque me he llevado algunos golpecitos", a
él le produce risa, a otros, preocupación.
Nos
encontramos frente a un serio riesgo, y su gente cercana debe convencerlo de tomar
precauciones. La seguridad del primer mandatario es indispensable para la de
todos los mexicanos. Por un país en paz, por favor, ¡cuiden al próximo Presidente!
El apoyo a los adultos
mayores, un tema interesante
El
programa de apoyo a los adultos mayores lo inició con el siglo el jefe
de gobierno del entonces Distrito federal y actual presidente electo, Andrés
Manuel López Obrador.
Tildado
en un principio de demagógico, con el tiempo fue replicado por los gobiernos
hasta llegar a ser un programa oficial de la Secretaría de Desarrollo Social. Actualmente
comprende quinientos ochenta pesos mensuales y se limita a quienes no cuentan
con jubilación o pensión. Error, existen miles de jubilados y pensionados que no superan el
equivalente a un salario mínimo general.
Durante
su campaña, el candidato López Obrador ofreció duplicar el monto de la pensión,
y proporcionarla de manera universal, se tenga o no una pensión del IMSS o el
ISSSTE. La modificación entrará en vigor el primer día del próximo año, con la
salvedad de que el beneficio se otorgará a los mayores de sesenta y ocho años,
exceptuando a los que habitan en el
medio rural, que se les mantendrá la edad límite de sesenta y cinco.
Existen
interrogantes, tales como si la ampliación del rango retirará a quienes la
reciben ahora sin contar con el nuevo requisito. Cómo se determinará si los que
viven en el campo son campesinos o ricos que emigraron por la inseguridad y
realizaron inversiones para salvaguardar su capital.
Mucha
gente de comunidades pobres, por falta de tierras, bajos precios de garantía,
sequías y otras causas, abandonaron el campo y se dirigieron a los centros
urbanos donde laboran con ingresos que apenas les alcanzan para mal comer.
Sería injusto y discriminatorio dejarlos fuera por la edad.
Lo
ideal entonces, sería continuar con el mismo rango, o bien, encontrar la
fórmula correcta para que el beneficio llegue a todos los que verdaderamente lo merecen
y lo necesitan.
… Y ALGO MÁS
El PRI y su batalla contra
las altas tarifas de la CFE
En
dos columnas que pueden consultarse en los meses de noviembre y diciembre del
año anterior, en secciones a las que nombré “Unas preguntas a nuestros legisladores federales” y, “Unas respuestas de nuestros legisladores
federales”, me referí a un senador de un estado vecino que se proclamó
autor de una significativa rebaja a la energía eléctrica en su entidad.
De
los legisladores de entonces, la mayoría del PRI, solamente uno se tomó la molestia
de responder mis cuestionamientos, enviándome documentos en los que se
acreditaba que existían gestiones que no progresaron por cuestiones de carácter
técnico que tienen que ver con la temperatura promedio anual, requisito
indispensable para una respuesta favorable.
El
PRI, ahora en su papel de oposición, ha retomado el caso e insiste ante la Comisión
Federal de Electricidad para que se dé el cambio de tarifas y empecemos a pagar
lo mismo que los vecinos. Oportuno, por la gran cantidad de quejas por el
desmesurado incremento que ocurre sin razón.
El
Partido Revolucionario Institucional retornó a la gestión, esta ocasión por
conducto del diputado federal Pablo Angulo Briceño. Al parecer, los campechanos
compañeros de legislatura, independientemente de su filiación partidista, están
apoyando la iniciativa del champotonero.
Durante
la semana, la dirigencia priista encabezada por Jorge Lazo e Hilda Velázquez,
con líderes de sectores y organizaciones, diputados y buen número de militantes
y simpatizantes, efectuaron un plantón ante las oficinas de la CFE. En forma respetuosa,
pero enérgica, se manifestaron en contra de los abusos que se cometen contra la
población. Reclaman que se realice lo necesario para cambiar de la tarifa 1C a
la 1F, lo que representaría la mitad del pago actual.
Las
críticas no se han hecho esperar, sin embargo, nadie puede desmentir que fueron
los priistas los que iniciaron y luego reiniciaron los trámites desde la
diputación federal, y otra vez se pusieron del lado de los intereses de la población.
Ojalá
otros partidos renuentes y sus seguidores radicales se sumen como lo hacen los empresarios y la sociedad civil. De la manera que sea, pero que se sienta que su actividad preponderante
no consiste en pelear contra los rojos, sino en defender las buenas causas
populares, y pocas mejores que ésta.
La Constitución necesita cumplirse,
no parcharse
Pedro
Baranda, Ponciano Arriaga, Valentín Gómez Farías, Ignacio Ramírez, Guillermo
Prieto, Melchor Ocampo y Francisco Zarco, plasmaron sus sentimientos en la
Constitución de 1857.
En
1917, los campechanos Juan Zurbarán y Herminio Pérez Abreu y revolucionarios
como Pascual Ortiz Rubio, Francisco J. Múgica, Heriberto Jara, apostaron por la
dignificación de los oprimidos.
La
nuestra no es una Constitución neoliberal, por más que grupos neoliberales le
hicieron cambios a su modo y a su estilo.
El
país no requiere de modificaciones con virajes extremos, sólo necesita el
cumplimiento de las leyes y la estricta observancia del principio juarista de
que, “Bajo el sistema federativo, los
funcionarios públicos no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad”.
Cumplida
esta sentencia del mejor presidente de la historia patria, tan de moda en la
actualidad, México no necesitará otra cosa para seguir en paz su rumbo hacia el
progreso.

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