domingo, 25 de agosto de 2019

DE MUCHO, UN POCO/Los trasquiladores de hoy, borregos de mañana


Los que todo critican y nada proponen, solía calificar el ex gobernador la acción sistemática de un grupo, pequeño en número pero enorme en insidia que, con nombres y apellidos o a través de perfiles falsos propiciados por la permisividad de las redes sociales, arremetían en contra, no del funcionario en turno, sino del progreso del estado.
Voces que con perversidad inaudita acusaron al gobierno de deshonesto, de acopiador de maquetas sin sustento, de  represor, de ecocida. Lo mismo criticaron hasta el cansancio y frenaron un buen tiempo la obra costera. Protestaron por la falta de avance, y luego reclamaron falta de alumbrado. Hoy, callan a la vista de una hermosa y segura avenida enmarcada por verdes árboles que se multiplican a cada paso.
Los que una vez, y otra, criticaron el eje vial de la Gobernadores; lo mismo que condenaron los trabajos y vociferaron por el corte de árboles. Los que gritaron que se derrumbaba. Los que sin argumentos se quejaron por el problema de los semáforos. Hoy, mej0r callan viendo fluir con agilidad el tránsito citadino por ese otrora conflictivo rumbo de la Ciudad Capital.
Qué decir de aquellos que desde el anonimato, con la fe puesta en el fracaso de Campeche, pidieron y desearon que al estado le fuera mal, y junto con él al gobernador. Que la obra del nuevo puente nunca se concluyera; que el “De la Unidad” se viniera abajo con funestos resultados, pero también, con un alto costo político para el gobierno estatal. Ahora no mencionan nada.
Esos que criticaron el remozamiento de la plaza Moch Couoh y se opusieron a las obras del entorno. Los que se solazaron con el aparente retraso en la construcción del Bazar Artesanal, simplemente callan ante la hermosa avenida emblema del orgullo de los campechanos.
Quienes con la más grande mala fe, azuzados por sus patrocinadores, se fueron en contra de la obra de ingeniería, producto de la más alta tecnología que pueda imaginarse en estos tiempos. Los detractores de las fuentes “Poesía Marina”, mejor guardan silencio para no ofender el legítimo orgullo de los campechanos que desean disfrutarlas muchos años.
Tal vez han preferido callar porque las preciosas fuentes, las más imponentes de toda América Latina, hoy día, con la Costera, el Centro de Convenciones, el Bazar Artesanal, el Ángel Maya, la plaza Moch Couoh y la ampliación de la citadina vía paralela al litoral, ponen a Campeche en el terreno de la modernidad y lo embellecen con el malecón más hermoso de todo el país, desde el Golfo hasta el Pacífico.
Las voces callan, porque saben que las maquetas contra las que desgranaron sus odios y frustraciones, son ahora piezas dignas de exhibirse en un museo de los compromisos cumplidos. Son modelos en miniatura de los que es hoy un Campeche bello, digno del turismo nacional e internacional, y orgullo de los campechanos de buen nacimiento.
Esas voces que como bien calificó el ex gobernador Moreno Cárdenas, nunca propusieron y siempre criticaron, ahora simplemente callan, y guardan silencio porque ya no le hacen ningún daño al destinatario original de sus ataques que ahora se desempeña en otros planos con la intención de servir a todo el país.
En tanto, el que se hizo merecedor de cuidar de Campeche por decisión soberana, Carlos Miguel Aysa González, es un hombre serio y propositivo que gusta de trabajar cerca de la gente, que no se "engancha" fácilmente en conflictos personales o de grupo, ni sobre actúa ante ninguna circunstancia.
Quizá, las voces han cesado o disminuido porque los patrocinadores interesados en lastimar a Campeche y a los campechanos, agotaron los límites de su paciencia y afectaron gravemente sus patrimonios en el afán de procurarse reflectores y presumir de sus tortuosos procederes.
También, acaso comprendieron que en las cuestiones de la política nada queda oculto mucho tiempo a la luz de los rayos del sol, y como lógica consecuencia, los carniceros de hoy podrían ser las reses de mañana.
Habrán comprendido que quienes han hecho una gran cosecha de “lana” con sus insultos y sus ofensas, más pronto que tarde serán ellos mismos víctimas de las afiladas tijeras de nuevos y quizá más perversos e inhumanos trasquiladores. 

La verdad sobre todo 
Habrá sido un acto de buena fe, de loable sinceridad, catarsis tal vez o cambio de estrategia, pero el presidente se decidió por un nuevo estilo de hacer política. No se puede pensar en una declaración espontánea producto de la improvisación, porque si algo tiene el señor es una gran calma para hablar, pensando bien las cosas.
La cuestión es que don Andrés Manuel López Obrador cimbró al país, a sus seguidores, pero sobre todo a sus detractores cuando en una de sus “mañaneras” desgranó tres promesas que lo apartan de su estilo sistemático de arrojar culpas y trasladar responsabilidades.
El presidente aceptó que no vivimos en la feliz, feliz “jauja mitológica” que algunos creen. Igual, que la política del régimen cambiará y ya no se volverá a acusar a nadie sin las debidas pruebas. La cereza del pastel, y se destaca, que ya no aventará más culpas a los anteriores gobiernos.
Que estas frases se conviertan en norma de conducta y actitud permanente frente a la enorme responsabilidad de transitar por el mejor camino. Ningún mexicano que se estime puede desearle mal. Aunque suene a frase común, la suerte del presidente es la misma de la nación.
Ojalá la promesa presidencial no pase por perdón y olvido. Queda pendiente en la aplicación de la ley la recuperación de bienes del patrimonio nacional sustraídos a la mala. Que la justicia no se limite a un pájaro de cuenta tras las rejas y otro que surca alegre los azules cielos europeos.
Que las culpas se castiguen sin inventar culpables. Que el largo brazo de la ley alcance al infractor aunque sea de casa y en programas insignia de la 4T y no sólo a los “prianistas”. Que no tenga vigencia la frase de Ruiz de Alarcón en su Verdad Sospechosa, o de Zorrilla en su Juan Tenorio: “Los muertos que vos matáis, gozan de cabal salud”. 

... Y ALGO MÁS

Valores que prevalecen en Campeche 
Honestidad y honradez como valores irrenunciables de la vida pública y privada de las personas”. Así dijo el gobernador Carlos Miguel Aysa González en Champotón al cierre de la Jornada de Transparencia de los Comités Estratégicos del Copladecam, luego de su informe.
En su vida como servidor público, esposo y padre, hay un sólido prestigio. Sin excesos, amable, jovial y buen amigo. Un auténtico campechano al modo de su familia, en especial de su tío, el abogado de ejemplar conducta y gran prestancia, Don Pablo González Lastra.
Nadie se debe manchar las manos ni de plata ni de oro”, diría el gobernador ante los mejores testigos, su amable esposa, la licenciada Victoria Damas de Aysa; el Secretario General de Gobierno, Pedro Armentía López; Ramón Arredondo Anguiano, Secretario de Planeación; el presidente municipal, Daniel Martín León Cruz, y un respetable grupo de funcionarios y champotoneros testigos del evento.
Haciendo memoria, un diez de julio del año mil novecientos setenta y nueve, hace ya cuarenta años, en ocasión de la graduación de la generación -la nuestra- de licenciados en derecho, Rafael Rodríguez Barrera, entonces gobernador y padrino de la generación, diría que “ni de oro ni de sangre deben mancharse las manos de los hombres en el poder”. Premonitorias palabras que describen el pensamiento y el actuar de los campechanos de esta época y de aquella. 

De nuevo la “vieja guardia” 
Se cumplen los pronósticos: Alejandro Moreno y Carolina Viggiano conforman el CEN de su partido y curan heridas de campaña. Ivonne se fue, Laura se integró. La juventud va ocupando sus lugares. No dudamos que en breve lo hará la “vieja guardia”, la última que pronunció la palabra Revolución antes de la llegada de los “toficos”, neoliberales que tomaron posesión de “su” país con los resultados conocidos.
Aquí, habría un proceso antes de que finalice el año para renovar la dirigencia. Por su trabajo y buenos resultados, Jorge Lazo, de la generación revolucionaria, podría integrarse al Comité Nacional o estar en las boletas. Los Estatutos no lo prohíben y Jorge lo merece.  

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