Si
existiera alguna duda, basta volver la mirada a las empresas
camioneras que al amanecer del dos mil
veinte plantearon la intención de incrementar a diez pesos el costo del pasaje
en sus vetustos e incómodos camiones que han visto pasar sus mejores tiempos.
A
la preocupación de los campechanos por el pago durante los primeros meses del
año del impuesto predial, el agua potable y otras cosas, se sumó la posibilidad de gastar más
en el pasaje. Los transportistas exigen el incremento o en su caso, un subsidio
por parte del gobierno del estado. La gente que los usa a diario y hasta sus choferes, rechazan
tajantemente cualquier aumento en lo inmediato.
Los
dueños de los obsoletos autobuses, según se rumora en voz baja, serían
políticos de otros tiempos, y ex funcionarios que invirtieron sus ahorros en la
compra de unidades nuevas que les dejaban elevadas sumas de dinero. Se acostumbraron -se dice también- a ser consentidos por los gobiernos en turno con elevadas tarifas
a cambio de mejorar sus unidades. En muchos casos nunca lo hicieron, y sólo se dedicaron
a la cosecha generosa con los resultados conocidos.
Actualmente,
pese a las necesarias reparaciones a sus camiones, mediante ciertos
truquitos como trasladar parte de sus obligaciones a sus choferes, porque ya no
los manejan personalmente como aquellos legendarios camioneros de la antigua “Cooperativa
Esperanza”, siguen recibiendo jugosos ingresos que se comenta igual en voz muy baja,
no son menores a mil quinientos o dos mil pesos al día.
Después
de fallidas presiones y amenazas que no gestiones que no han sido en absoluto
respaldadas por la población sino al contrario, los empresarios han optado por la
acción directa, consistente en una manifestación de protesta mediante un paro de
actividades para tratar estérilmente de voltear a la población en contra de las
autoridades, aunque lo único que han logrado hasta hoy es aumentar el rechazo
por una medida que a los únicos que perjudicaría es a los usuarios.
Ha
llegado a tanto ese rechazo que la misma gente aprovecha las redes sociales para
exhibir el desastroso estado de las unidades y el poco respeto que se tiene por
los usuarios, en especial por las personas de la tercera edad o con capacidades físicas disminuidas. Y no es
que los choferes sean malos o desconsiderados con quienes pagan menos por el
viaje, lo que ocurre es que los patrones los obligan de alguna manera a absorber
las diferencias.
Ya
el secretario General de Gobierno, Pedro Armentía López, a nombre del gobernador
Carlos Miguel Aysa González sugirió a los empresarios autobuseros variar su
actitud y convertir las amenazas y presiones en intenciones de arreglo mediante
el diálogo, partiendo de la base de que en
fecha próxima no habrá ningún incremento en el pasaje.
Debe
haber y pronto, un diálogo abierto en el que podría participar una
representación de los ciudadanos que utilizan el transporte; sin perder de vista que existe una normatividad para el caso que es la Ley del Transporte; que gozan
de una concesión, no son propietarios de sus rutas; que el
gobierno del estado no tiene autorizada ninguna partida especial para otorgar
subsidios; y que los campechanos más pobres no tienen que sacrificarse para
hacerlos más ricos.
Optimización
y mejora de los recursos con que cuentan los empresarios; mejor trato a los
usuarios; creación de nuevas rutas y/o replanteamiento de las actuales;
incremento y disminución de la circulación de autobuses según los horarios de
mayor o menor demanda; créditos a tasas blandas para aplicarlos en la mejora de
sus unidades; y lo principal; esperar el momento adecuado que no sea el mes de
enero para hacer un planteamiento fundado, razonado y razonable de mejora
económica a cambio de un mejor servicio ¡Antes
no, y por presiones o a la fuerza, menos!
La firma del nuevo Insabi
Hay algo incuestionable: como el Aeropuerto
de Texcoco, el Seguro Popular es asunto liquidado. Podrán las nuevas
disposiciones en materia de salud y concretamente el Insabi, experimentar modificaciones con base en los errores y omisiones que están encontrando en el
camino, pero conociendo el talante del presidente, regresar no, al menos en el actual sexenio.
Es de tomarse en cuenta que aunque la mayoría de las entidades federativas han suscrito
el convenio correspondiente, nueve en total -gobernadas por mandatarios panistas-
se oponen a su firma. Campeche no se está resistiendo, antes bien, así se
entiende, se está analizando responsablemente y con mucho cuidado su aplicación;
claro está; dentro de los plazos establecidos.
Sin que para ello se cuente con cifras y datos, es de suponerse que dentro del grupo de las entidades que ya han estampado sus firmas,
se encuentran varias con serios problemas derivados de malas administraciones.
No es posible precisar cuales, pero es del dominio público lo vivido en
algunas. Varias de las firmantes, resulta lógico, son gobernadas por
morenistas.
Es necesario remarcar que Campeche, no de ahora, tiene un bien ganado prestigio en el tema de la salud y que, en el
esquema de la medicina preventiva ha sido varias veces ejemplo nacional. Salvo alguno de un pasado ya no muy reciente, no ha habido cuestionamientos serios sobre su manejo. Es más, el último
Secretario se retiró para seguir su camino en la política, sin cuestionamientos
ni reclamos, y hasta se habló de su incorporación al gobierno de López Obrador.
El Insabi habrá de enfrentar tanto fallas como resistencias hasta su esperada y deseada consolidación. Esperamos que las supere por el bien de todos, aunque conocemos los reclamos que se
están dando por la falta de medicamentos para ciertos padecimientos
serios. Sin
embargo, es muy pronto para descalificar y mientras tanto, no debe ser utilizado
el tema como pretexto y caldo de cultivo para conflictos y encontronazos.
Calma,
que el gobierno de Carlos Miguel
González Aysa está analizando con seriedad y responsabilidad el asunto y no necesita
de presiones ni consejos.
… Y ALGO MÁS
Justo reconocimiento
“Valoramos mucho su apoyo, su experiencia y
sus recomendaciones que nos permiten enriquecer la visión de todos nosotros”.
Lo dijo el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno federal,
Alfonso Durazo Montaño ante mandatarios estatales y diversos funcionarios como
el Secretario Ejecutivo del Consejo Nacional de Seguridad Pública, Leonel Cota
Montaño.
El
destinatario de la frase fue el gobernador Carlos Miguel Aysa González, quien
hizo un breve paréntesis en sus giras y actividades oficiales para participar junto
con el secretario General de Gobierno, Pedro Armentía, en la Sesión Técnica del
Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública (FASP) y del Programa de
Fortalecimiento para la Seguridad (Fortaseg) 2020.
Nada
menos que justo el calificativo a favor del gobernador campechano, quien es
reconocido como un profundo conocedor en el tema de la seguridad, y para
muestra, aparte de ejercer varios cargos importantes en la Procuraduría General
de Justicia de la República, aquí se desempeñó como Coordinador General de
Seguridad Pública, Vialidad y Transporte, y Procurador General de Justicia. Lo
más reciente, Secretario, luego Secretario General de Gobierno, y Gobernador
Constitucional desde el pasado trece de junio ¡Honor para Campeche y su
gobernador! Tiempo a los tiempos
Pregunta
alguien al autor de esta columna el porqué de su abstención de referirse al
próximo proceso electoral, y en particular a los aspirantes a la gubernatura.
Por supuesto que lo haremos, pero por respeto a los tiempos y en especial a
quienes gobiernan, por ahora esperamos.

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