La
social demócrata polaca Rosa Luxemburgo, ha sido de las grandes revolucionarias
del siglo pasado, y en cierta forma la precursora del feminismo. Portento de
inteligencia y cultura, hablaba once idiomas y estudió un doctorado cuando las
mujeres no iban a la universidad.
De
origen judío y pese al sentimiento anti semita teutón, se atrevió a lo
impensable, insultar al káiser, lo que le valió ir a prisión. Desde su celda
escribió varias obras y diseñó frases sobre justicia. La mejor: “La justicia de las clases burguesas es como
una red que permite escapar a los tiburones voraces, atrapando únicamente a las
pequeñas sardinas”.
Vaya
que lo anterior se actualiza en los tiempos y circunstancias corrientes que se
festina y ocupa espacios la reciente repatriación de un joven modelo de la neo
burguesía mexicana. Algo recuerda aquella obra de Luis Spota, “Casi el
Paraíso”, en la que los de abajo doblan las espaldas frente a cualquier majestad
ficticia.
En
medio de hordas que claman patíbulo para los conservadores y la mafia del poder,
arribó al país un hombre afortunado, nacido en pañales de seda, cultivado en
las mejores escuelas de México y en las más connotadas instituciones de
formación superior del extranjero. Rico de abolengo y ahora beneficiario de la anti justicia
que aborrecía Luxemburgo.
Trato
especial a quien viste trajes de gran lujo de las más prestigiadas casas de moda
europeas. Cubre su cuidado cutis de finas cremas, y perfuma su delicada piel con las más exquisitas fragancias que
sólo se fabrican en Francia para los personajes de su linaje.
Un
joven soberbio y arrogante, ejemplo de la tecnocracia y el neo liberalismo que
gobernó al país y que se dice odia tanto el presidente. Viene con aires de
majestad a enfrentar la justicia frente a un gobierno que se autodenomina de
izquierda.
Peleado
con muchos, pero principalmente con el titular de la Unidad de Inteligencia
Financiera, se siente protegido por el jefe de todos ellos, quien al parecer le
ha ofrecido inmunidad y libertad a cambio del compromiso de evidenciar a piezas
de caza de gran categoría.
El
joven no vino como reo. Llegó en vuelo privado con una etiqueta prendida a la
solapa en la que se advierte manejarlo con cuidado y delicadeza por su
condición de aliado permanente o temporal, y con los mejores abogados que el
dinero en abundancia puede conseguir.
Fue sistemáticamente
intimidado, presionado, influenciado e
instrumentalizado, aseguró el ahora
victimizado. También, utilizado en
calidad de instrumento no doloso, en el marco de un aparato organizado del
poder.
Detengo
la narrativa para una consulta al Diccionario de la RAE que define instrumento:
“Objeto fabricado, relativamente sencillo, con el que se puede realizar una
actividad. 2. m. Cosa o persona de que alguien se sirve para hacer algo o conseguir un
fin”.
Nada
mejor para afirmar la lucha contra la corrupción. El joven “edifica un criterio de oportunidad para denunciar los hechos y a los
responsables”. El ejecutivo, corresponde asumiendo funciones de judicial y compromete
“ciertas consideraciones en el proceso”.
Pobre
muchacho, víctima de los malos, se apegó a sus órdenes para salvar honor y dignidad.
Inocentemente involucró a su familia para cuidar sus bienes tras la inicua
explotación. Ni asociación delictuosa, ni crimen organizado, sólo rasgos de un
candor que conmueve.
Criterio
de oportunidad, testigo colaborador, qué más da. Importa saber si la impunidad
que protege a los tiburones, sirve para las infelices sardinas que como diría
Rosa Luxemburgo, permanecen en prisión por robar una gallina para saciar el
hambre de sus hijos.
... Y ALGO MÁS
Sinfonía en “Mí" Interior
El tema recuerda un viejo libro de la primera juventud, “Sinfonía en Rojo Mayor”. Su autor no aterriza en la mente ni viene al caso. Anti comunista, narraba los horrores de los procedimientos de la policía estalinista KGB en contra de los rebeldes. En un solo día y mediante torturas sicológicas, hacían creer que habían transcurrido meses y hasta años.
Algo así ocurre, al grado de que con frecuencia uso los dedos de las manos para contar el tiempo que entre cuatro paredes he tenido que afrontar, con una sola compañía y el pensamiento puesto en otros núcleos familiares que viven su propia problemática.
Extraviado en el espacio-tiempo, pese a las alarmantes cifras nacionales, tomo como buenas señales los casos que se presentan en Campeche. Cifras arriba de ochenta en julio, descienden a algo más de los cincuenta casos, y regresan a setenta en agosto, y vuelven a los cincuenta en una variable alentadora.
Las labores oficiales del equipo del gobernador Aysa González en apoyo a sectores productivos, mujeres campesinas y pequeños empresarios, han contribuido a paliar los efectos de la parte monetaria, al grado de ubicar a Campeche entre las entidades menos afectadas por la crisis económica. Esta labor se refuerza con las actividades en pro de la salud.
De todo y hasta un poco más para frenar y cortar si se puede el avance de la transmisión del virus. El llamado Operativo Covid-19 no deja punto geográfico sin atender con personal médico y de enfermería. Busca, revisa, corrige, para detectar áreas de riesgo. Con el Operativo “Prudencia”, trata de crear conciencia popular frente a la contingencia.
Tal vez influenciado por la vieja lectura del libro en cuestión, tras casi cinco meses de confinamiento que parecen años y ante la aparente baja del número de contagios de unos días para acá, quisiera pensar que los operativos oficiales están dando resultados, y no falta mucho para poder exclamar que la salud no se encuentra lejos, y los campechanos volverán a integrarse a sus actividades con todas las precauciones que dicta la nueva normalidad.
Una oración, una plegaria
He recibido ofertas vía redes sociales de paquetes de medicamentos enderezados al combate al mal pandémico. Caros y especulativos, pero me aseguran personas cercanas que les han devuelto la salud y la paz. Por todos los que no lo han logrado, elevo una oración, una plegaria.
Política, pandemia y “Grito”
Dicho
con el mayor respeto, porque de parte de esta columna y su autor lo hay, y a
raudales, hacia quien tiene en sus manos la responsabilidad de cuidar los
bienes de la patria. No sólo respeto, además, el deseo de que le vaya bien. Si
no es así, los fracasos serían para todos.
Como
ha sido desde principios de la administración, cada día, pendiente de lo que ocurre
en las conferencias mañaneras. No del desarrollo; nada más de qué nueva orden se
dicta para agregarla a un programa de gobierno en continuo cambio.
Esta
ocasión no se refirió al avance del temido mal que ya nos situó en el tercer
lugar mundial de pérdida de vidas humanas; ni a sus graves efectos económicos; ni
a la afectación a los estados del norte por el paso del huracán Hanna. Ni
siquiera a los lujos neo liberales y sus caprichos aéreos. Se dedicó al exaltar
los ánimos patrióticos.
La
ceremonia del Grito, firme. El pueblo bueno y sabio clamará feliz -antorcha en
mano- cumpliendo el ritual de vitorear a “los héroes que nos dieron patria y
libertad”. Una multitud limitada a quinientos mexicanos, gritará a cada
campanada y disfrutará algo folclórico.
Esa
noche nos dirán que los cachitos de la rifa del avión han sido vendidos en su
totalidad y que tendremos un paquete de nuevos mexicanos ricos. Escucharemos
que la curva de la pandemia es casi una línea plana. Que la economía tocó fondo
y estamos en imparable ascenso.
Al
día siguiente, el tradicional desfile militar recorrerá las calles cercanas al
zócalo capitalino y los mismos quinientos mantendrán disciplinadamente la sana
distancia. Sin embargo, miles de ambulantes tratarán de venderles lo que sea para
llevar algo de dinero a sus casas.
Las
siguientes semanas, el doctor López-Gatell aventará culpas por el aumento de
los enfermos. Argumentará que estas fiestas, con sus tacos, pozole, birria, tequila
y mariachis, son fuerza moral, no de contagio. Aclarará que el
cubre bocas es obligado algunas veces, pero otras, no. Además, lo dijo el
presidente y él lo respalda algunas veces, pero otras no, “no está demostrada científicamente su utilidad”. O quizá sí. ... Y ALGO MÁS
Sinfonía en “Mí" Interior
El tema recuerda un viejo libro de la primera juventud, “Sinfonía en Rojo Mayor”. Su autor no aterriza en la mente ni viene al caso. Anti comunista, narraba los horrores de los procedimientos de la policía estalinista KGB en contra de los rebeldes. En un solo día y mediante torturas sicológicas, hacían creer que habían transcurrido meses y hasta años.
Algo así ocurre, al grado de que con frecuencia uso los dedos de las manos para contar el tiempo que entre cuatro paredes he tenido que afrontar, con una sola compañía y el pensamiento puesto en otros núcleos familiares que viven su propia problemática.
Extraviado en el espacio-tiempo, pese a las alarmantes cifras nacionales, tomo como buenas señales los casos que se presentan en Campeche. Cifras arriba de ochenta en julio, descienden a algo más de los cincuenta casos, y regresan a setenta en agosto, y vuelven a los cincuenta en una variable alentadora.
Las labores oficiales del equipo del gobernador Aysa González en apoyo a sectores productivos, mujeres campesinas y pequeños empresarios, han contribuido a paliar los efectos de la parte monetaria, al grado de ubicar a Campeche entre las entidades menos afectadas por la crisis económica. Esta labor se refuerza con las actividades en pro de la salud.
De todo y hasta un poco más para frenar y cortar si se puede el avance de la transmisión del virus. El llamado Operativo Covid-19 no deja punto geográfico sin atender con personal médico y de enfermería. Busca, revisa, corrige, para detectar áreas de riesgo. Con el Operativo “Prudencia”, trata de crear conciencia popular frente a la contingencia.
Tal vez influenciado por la vieja lectura del libro en cuestión, tras casi cinco meses de confinamiento que parecen años y ante la aparente baja del número de contagios de unos días para acá, quisiera pensar que los operativos oficiales están dando resultados, y no falta mucho para poder exclamar que la salud no se encuentra lejos, y los campechanos volverán a integrarse a sus actividades con todas las precauciones que dicta la nueva normalidad.
Una oración, una plegaria
He recibido ofertas vía redes sociales de paquetes de medicamentos enderezados al combate al mal pandémico. Caros y especulativos, pero me aseguran personas cercanas que les han devuelto la salud y la paz. Por todos los que no lo han logrado, elevo una oración, una plegaria.

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