Ni
paralelismos ni comparaciones, pero no hay en la historia reciente, por
exhaustiva y afanosa que sea la búsqueda, alguna coincidencia en lo que se
refiere a las anteriores celebraciones del aniversario de la emancipación
política del estado y los eventos de la semana anterior, en particular el acto
principal, el informe de labores del gobernador.
Después
de Pablo García, para la mayoría de sus sucesores, unos de recorrido breve y
otros de cuatro y de seis años, el siete de agosto siempre fue considerado “el día del gobernador”. Desde
Entonces, grandes contingentes se congregaban en la ciudad capital para rendir
honores al mandatario.
Así
sucedió con Ortiz Ávila, Sansores Pérez y la mayoría de los siguientes. Si no
había fiesta e informe, como que algo estaba faltando. Espléndidos banquetes, recorridos
turísticos, cenas de gala y presentaciones artísticas. Pero también, comidas y
regalos para la gente “del pueblo” que venía a saludar al “señor gobierno”.
Con
Trueba Urbina, además del regio agasajo a la clase premier, en la palapa del
desaparecido “Casino del Pueblo” del rumbo de “Las Palmas”, se servía un regional
chocolomo preparado en enormes peroles. En una escapada, el creador del
“Campeche Nuevo” pasaba a saludar a los asistentes que regresaban de darse un
remojón de pies en las aguas del antiguo malecón.
Después
de despedir a los invitados especiales, periodistas, intelectuales, campechanos
de una vez al año, y los clásicos revisteros -versión antigua de los afortunadamente
en vías de extinción actuales operadores de las “benditas redes sociales”-, el
gobernador se trasladaba al llamado Distrito Federal para reunirse con la crema
y nata de la “colonia campechana”.
Todo
fue cambiando, al grado de que desaparecieron los viajes en clase especial,
vuelos chárter y hasta autobuses rentados y el obligado acto masivo en algún
cine o teatro de la ciudad. Una sesión solemne del Congreso del Estado para
recibir un informe escrito, y después, la lectura de un mensaje breve del
titular del ejecutivo.
De
repente cambiaron más dramáticamente los tiempos. Se fue a seguir su destino
como destacado político de dimensión nacional el ex gobernador Alejandro Moreno
Cárdenas, y vino el relevo. El Congreso del Estado casi en pleno, porque ya lo
conocía y sabía de su trabajo y su dedicación, se decidió por el licenciado
Carlos Miguel Aysa González.
En
un nuevo modo de manejar los recursos financieros, disciplina en el gasto y
estricto orden presupuestal, Campeche se sitúa como ejemplo de transparencia en
el ejercicio de los recursos federalizados. La atención de la seguridad nos
ubica en los primeros lugares de todo el país.
De
repente y cuando ya estaban establecidas las bases para el crecimiento
sostenido con el apoyo a los sectores productivos, los estudiantes, las
familias y la sociedad en general, llegó con toda su fiereza la desdichada
pandemia, y las cosas cambiaron, porque tenían que hacerlo.
La
batalla por la salud, sin descuidar otros rubros, obligó a un gobernador escrupuloso administrador de la hacienda pública, a
su señora esposa y a buena parte de su equipo de trabajo, a multiplicarse como
la ocasión lo ameritaba. Carlos Miguel Aysa entendió la posición en la que la
vida lo colocó, y se emplea a fondo, y ha cambiado la forma de gobernar.
Los
recursos están siendo cuidadosamente invertidos y muy selectivamente dirigidos
a paliar no solamente los efectos trágicos de la crisis general, de sanidad y económica.
Cada peso y cada centavo, lo reconocen propios y extraños, se invierten en sectores
productivos, en obra pública para aumentar el empleo, pero sobre todo en salud
como eje primordial.
El
camino ha sido largo y cansado, pero con decisión e imaginación la situación comienza
a cambiar. La curva de la emergencia, lo más elevado de la parábola que la incidencia
marca como “pico pandémico”, empieza a descender a razón de hasta diez puntos
semanales, lo que representa un aliento de esperanza.
Las
cosas no están resueltas y se esperan más tiempos difíciles, no cabe duda. El
quinto informe del gobernador nos marca una ruta a seguir, clara, firme y sin
desvíos. Tenemos guía, tenemos el ejemplo del gobierno. Mantengámonos atentos,
unidos y con esperanza ¡Campeche es único e indisoluble!
Política, oposiciones y alianzas
Política, oposiciones y alianzas
Frederick
Katz, hijo de Leo y Bonia, austríaco y residente alterno en Alemania y Francia,
aportó mucho al estudio de la historia mexicana el siglo anterior. En su pasión conoció la entraña de nuestro
sistema político y democrático, tan sui géneris, tan especial, tan mexicano.
Decía
Katz que las decisiones gubernamentales se toman conforme a las líneas del
partido que encumbró a los gobernantes. Las políticas públicas entonces, deben
decidirse al interior del partido en el poder cuando es único, o mediante el
consenso si se trata de coaliciones.
Los
funcionarios seleccionados deben responder a sus partidos y a su gente, porque
se trata de organizaciones con capacidad de decisión. Habrá varios partidos en
el gobierno, pero no todos como base de apoyo. Los que no cumplen la condición
serán simplemente opositores.
La
oposición la componen las expresiones opuestas a las acciones del gobierno. No es
un concepto moderno: en las polis de la democracia griega se registraban acciones
y manifestaciones contra los gobernantes, y no había condenas, venganzas o
represalias.
No
obstante las doctrinas y tendencias que las inspiran, cada oposición se
distingue a través de los procedimientos que utiliza en su intento de sustituir
al grupo dominante. Desde ese punto de vista, las hay agresivas y violentas;
también pacíficas, asertivas y propositivas.
No
hay que buscar el poder a través del daño al Estado. Formar gobierno con nuevos
funcionarios conforme a un proyecto no implica romper el orden constitucional.
De ahí la importancia de la firmeza ideológica de cada entidad partidista.
En
un movimiento de cambio llamado “Cuarta Transformación”, no resulta lógico que Morena, su impulsor, de centro izquierda, se
aliara con un partido sin rumbo ni ideología,
convenenciero y cargado a la derecha, que no es verde, y menos ecologista.
Existen
más coincidencias con el PRI, con el que guardan afinidades y hasta
antecedentes históricos de militancia. Alejado de sus objetivos durante el
desaparecido y cuestionado período neoliberal, ahora, bajo un nuevo liderazgo, ese
partido redefine su rumbo de centro izquierda bajo la conducción de Alejandro
Moreno Cárdenas.
Claro
que no han faltado los detractores, de preferencia locales, en el milenario
culto a la política de la cubeta de crustáceos. Con la clásica carencia de
conceptos, intentan incendiar la pradera augurando persecuciones y vendettas
contra Alito, por opositor, y por su hablar muy claro.
Nada
de eso sucederá, el PRI y Alejandro, sin las rémoras del pasado -huéspedes
inveterados de las plurinominales-, algunos ahora en el ojo del huracán, serán oposición
seria y responsable que dará la batalla en las próximas elecciones, con el
respaldo de su militancia y de sus órganos de gobierno, como anticipaba Katz.
Por
su propia cuenta y con sus candidatos, y por qué no, en alianzas convenientes
-no se descarte a nadie-, el Revolucionario Institucional cumplirá su
compromiso con México, pero sobre todo, lo que nos interesa, con Campeche. No
falta mucho, y veremos cosas que podrían sorprendernos, no quepa la menor duda. ... Y ALGO MÁS
Tiempos marcados y sin dados
cargados
Los
plazos y tiempos los ha marcado la autoridad electoral. Lo aseguró el Secretario
General de Gobierno, Pedro Armentía López: “No
caerán en provocaciones”.
Respetuosos, “no se engancharán con
nadie, mucho menos pelearán con ningún color partidista”. “En sus tiempos y formas los partidos
políticos podrán fijar sus posturas”.
Lo
que se haga o diga ahora solamente será gasto de pólvora en innecesarios
“infiernitos”. Este es el tiempo de trabajar por el estado, cuidar del orden y
la paz, apoyar la economía de los campechanos y, principalmente, luchar para
salir airosos del problema de salud que interesa a todos. La grilla para
después.
Para
terminar, porque así he leído muchas veces esas palabras en las encendidas
defensas de los seguidores a ultranza del presidente López Obrador cuando lo
sienten agraviado, me gustaría repetirlas textualmente en el caso del
gobernador: ¡Déjenlo trabajar!

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