El tema era otro, pero un acontecimiento me hizo recordar una anécdota de la década de los setentas; tiempos en los que vivíamos en absoluta paz. Cualquier acontecimiento fuera de lo común prendía la alarma entre los campechanos de bien, y las almas buenas se santiguaban cada vez que pasaban por el sitio en el que se había desarrollado algún hecho poco común.
Una noche de sábado invernal, mientras disfrutaba de la función de box en la Hitachi portátil roja, llegó a mi casa un personaje muy singular, y lo explico: era bajito, muy delgado y terriblemente tartamudo. Su nombre nunca lo supe y tal vez ni él mismo lo sabía, porque era universalmente conocido por un apodo que tenía que ver con el calzado.
A duras penas el muchacho me explicó que su patrón y “el doctor” se encontraban en una celda en los separos de la Dirección de Tránsito y Seguridad Pública, por “ebrios, escandalosos y darse a la fuga”. En el sitio encontré a los dos amigos aferrados a la reja tratando de mantener las narices afuera para huir de la fetidez que manaba del reducido espacio.
Las dos personas de gran calidad humana, mecánico el “pa-pa-patrón” del tartamudo mensajero, y eficiente y altruista médico el otro. Habían corrido una jornada de copas que culminó en una gasolinera en la que pretendieron rellenar el tanque del “volcho” y terminaron a golpes con los despachadores porque, cosa rara, les habían despachado litros de a medio.
La policía llegó y de nada valieron los argumentos; los dos fueron a parar al calabozo. Con la risa disimulada escuché sus lamentos y, acto seguido, pregunté por un amigo casi de la niñez que ocupaba un alto cargo entre los uniformados. Se encuentra de guardia en “La Zona”, informaron refiriéndose a un lugar non sancto de la época.
Hasta ahí fui a buscarlo, con la suerte de encontrarlo pasando revista a los agentes apostados en la caseta de la entrada al sitio. Unas cuantas palabras y el jefe policíaco dio instrucciones a un subalterno para que de inmediato fuera a liberar a los detenidos. “Vete a dormir tranquilo que todo está arreglado”, fue su comentario de despedida.
De regreso a casa y pasada la media noche, a la cama tibia, porque la peleas narradas por Toño Andere y Sony Alarcón hacía rato habían terminado. A punto de conciliar el sueño, otra vez toques desesperados a la puerta, y de nuevo la carita espantada y los ojitos desorbitados del chavo urgiéndome regresar a ver a los amigos que seguían presos.
Resulta que, envalentonado tras la recuperación de su libertad, al galeno no se le ocurrió otra cosa que insultar y retar a los golpes a su libertador, que coincidentemente era el mismo que lo había encerrado. Ni modo, de retorno a la mazmorra por indicaciones del jefe que se había trasladado al “edificio”. "Que duerman un poco y al rato los soltamos", fue su comentario.
El clamor y el griterío del amigo doctor llamo mi atención. Antes de decirle nada respecto al motivo de la prolongación de su encierro, el médico me reclamó: “solamente te pido que me traigas una latita de Vaporub para ponerme en la nariz. El frío lo aguanto hoy y mañana, la vergüenza se me pasará en un mes, pero este canijo olor a m….. nunca se me va a olvidar”.
Esta vieja anécdota podría ser experiencia aplicable en el actual y en otro tiempo para cualquiera que, luego de una buena jornada de fiesta termine necesitando una latita de ungüento, y después, dejar pasar un mes para que a lo demás se lo lleve el viento.
Subamos la vara
La proverbial paz y la inamovible tranquilidad citadina se conmocionaron la semana anterior. Una queja por un supuesto abuso policial por razones políticas contra unas damas acompañadas de sus hijos rompió la calma de la apacible ciudad amurallada.
Una rápida ojeada a las grabaciones de las cámaras de seguridad de la zona del conflicto determinó que no hubo el reclamado abuso, ni había niños en el lugar de los hechos, y que solamente se trató del final accidentado de un día de farra que derivó en jaloneos, caídas y moretones.
Afortunadamente, las llamadas de los vecinos alarmados impidieron que se prolongara la marcha en sentido contrario de un vehículo, y evitaron algún accidente de fatales consecuencias para los festejantes o, en el peor de los casos, para algún transeúnte madrugador.
Restablecida la calma y de cara al inicio de las campañas, sería bueno subir un poco la vara del debate. Que se hable de compromisos cumplidos y promesas fallidas; que se analicen los problemas más sentidos y se planteen sus soluciones. Que se discuta lo que interesa a los campechanos, que va más allá de encuestas, parentescos, riquezas, intrigas, ataques, pleitos personales y precios y marcas de camisas y chancletas ¡Campeche merece mucho más!
... Y ALGO MÁS
El
regreso a las aulas
Habrá habido o no encuesta, no lo sabemos,
y si la hubo, desconocemos totalmente sus resultados; no obstante, al parecer
la visita de la titular de la SEP rindió
frutos, escuálidos tal vez, pero frutos al fin de cuentas. La orden presidencial se cumplirá y el retorno a las aulas será antes
de que finalice el año escolar en curso, previa la original y obsequiosa declaración de los encargados del sector salud de que la pesadilla del
siglo es ya simple epidemia.
La representación estatal de la dependencia
federal encargada de la educación presentó lo que fue nombrado como “Plan para la Reactivación Presencial
Escalonada de Servicios Educativos de Nivel Básico”, que incluyó la muestra
de los requisitos y medidas que deben cumplir las escuelas, y la relación de las
primeras que empezarán a funcionar. O de lo que queda de ellas después de un
año con las puertas cerradas.
Serán inicialmente ciento treinta y siete
planteles de nivel elemental. De ellos, ciento cuatro son primarias generales,
y treinta y tres de educación indígena; también algunos servicios del Conafe. Todos estos centros escolares serán
multigrado, situados en localidades de baja densidad poblacional y sin
conectividad o con acceso limitado a medios electrónicos.
El personal docente, directivo, de supervisión
y administrativo, habrá completado el esquema de vacunación, igual que todas
las personas mayores de sesenta años que residan en el poblado. Además, estará
instalado el Comité Participativo de Salud Escolar, conformado por el Director
del plantel, docentes y padres de familia. Estos
últimos, por simple lógica, no contarán con el esquema de prevención.
Por supuesto que las cosas no marchan
precisamente sobre ruedas, sobre todo en el medio urbano que incluye a la
ciudad de Campeche y a las principales cabeceras. Los padres de familia y una buena parte de la sociedad y grupos organizados,
siguen resistiéndose a acatar la línea presidencial y se mantienen en la
postura de no mandar a sus hijos a la escuela hasta que la mayoría y de
preferencia toda la población se encuentre vacunada.
Una escuela particular ha iniciado labores
exclusivamente con los niños más pequeños, hasta pre escolar y bajo estrictas
medidas de higiene. No obstante, no
escapa a la comprensión de la sociedad que, aunque los maestros y el personal
administrativo sean vacunados, sus parejas no se encuentran considerados en el
programa, y ese es un punto en contra si hablamos de una nueva oleada de contagios.
Productiva
gira por Hopelchén
El gobernador Carlos Miguel Aysa González acompañado de
Jorge Argáez, secretario General de Gobierno y de la alcaldesa Sandy Baas
Cahuich, entregó apoyos y créditos a más de ochenta Mypimes por una cantidad
mayor a un millón de pesos, que se destinarán al desarrollo empresarial y la reactivación
económica. También inauguró un tianguis ganadero en el que se exponen más de ochenta
sementales ovinos y bovinos para su comercialización.
Por su parte, la señora Victoria Damas de
Aysa, presidenta del patronato del DIF, acompañada de Sonia Castilla Treviño, directora general del Sistema, entregó
lentes y aparatos funcionales a los paisanos, a quienes invitó a tener plena
confianza en el gobernador, y a “recibirlos
como muestra de su reconocimiento a su esfuerzo y dedicación”.

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