Otra vez se pretende calar el ánimo y el talante del “pueblo bueno y sabio”, y retroceder un siglo y una década de vivir en una relativa democracia. En fin, arrasar con el postulado de no reelección del apóstol Madero. Barruntos de retorno al porfiriato agitan el aire mexicano.
Primero el mandatario de Baja California pretendió alargar su período constitucional de dos a cinco años. Basados en una consulta popular, reformaron a modo la Constitución Política de ese Estado. La Suprema Corte dijo no, y la reforma y sus propósitos fueron invalidados.
La resolución fue clara: no se pueden modificar los resultados y el plazo de ejercicio de un funcionario electo, presidente, gobernador, alcalde, senador o diputado federal y local. Los tiempos están en la Constitución, y son inalterables si no se cambia la Norma Fundamental.
Un nuevo intento, agregar dos años al plazo de ejercicio del Presidente de la Suprema Corte de Justicia. No se trata de un funcionario electo popularmente, pero los tiempos son claros y, la adición de un transitorio a una Ley menor no puede tener el peso suficiente para modificarlo sin pasar por la Norma Fundamental.
La decisión ya la tomaron los diputados, textual, literal, prestos y dispuestos a no mover una coma a las órdenes del ejecutivo. Expresas, imperativas, sin valorar si el ministro presidente merece y necesita tiempo para consolidar las reformas en proceso.
Tal vez sea tiempo de permitir que un presidente o gobernador repita si lo ha hecho bien. Así sucede con alcaldes y legisladores. Tal vez sí, pero debe modificarse la ley para permitirlo. Los actuales tendrían que esperar un nuevo período si el pueblo todavía los recuerda.
Con un pie en el muladar, sobre la razón y el derecho, los diputados obedecieron a ojos cerrados el mandato inobjetable del que todo lo puede y todo lo quiere. El ministro Zaldívar, sumiso, sucumbió al generoso obsequio que viola la ley que está obligado a hacer cumplir. A fin de cuentas, la Corte terminará decidiendo y no está de más soñar un poco.
Con este nuevo intento, Madero y Pino Suárez dieron un salto en sus sepulturas. José de la Cruz Porfirio Díaz Mori cabalga de nuevo, y su espíritu errante vaga por los oscuros pasillos del fastuoso palacio imperial. A la Suprema Corte y a la siguiente legislatura les tocará permitir o negar que una historia trágica se repita en este México convulso.
Hasta con la cubeta
Cubo, balde o cubeta es un recipiente o
vasija en forma de tronco de cono invertido para que su concavidad pueda
retener sustancias fluidas. Para facilitar su uso y su transporte, dispone de
un asa semicircular que está sujeta por sus extremos al borde superior.
Común entre los entrenadores y
asistentes de boxeadores, su contenido los constituyen los implementos para su
trabajo. Vendas, tijeras de punta roma, vaselina, protectores bucales, agua,
hielo, y toda clase de artilugios para reparar el físico y la moral de sus
peleadores.
El Cuyo Hernández en los años sesentas
y setentas fue de los entrenadores más famosos, igual que los boxeadores
Olivares, Herrera, Castillo, Zárate y otros. Se dieron hasta con la cubeta solían decir los comentaristas
Alarcón y Andere en una pelea épica.
Hogaño, fuera del ring y sin
entrenadores -parece-, como los legendarios fajadores de orejas chatas, algunos
candidatos se están dando con una nueva cubeta sin asas ni asideros. No se
detienen en calificativos, sin pensar que enfrente tienen un rival, y también sabe
dar golpes.
Layda
y Eliseo se han golpeado mucho y se han dicho de todo,
aunque todavía no se han aventado la cubeta. Ahora ya le han picado la cresta a
Christian, quien en un abrir y cerrar de ojos enseñó que es un verdadero
técnico, pero sabe ser certero cuando de pegar se trata.
El momento crucial se encuentra cerca,
y por lo que parece, los golpes poco han favorecido a quien los ha lanzado. Es
aconsejable reservarse para el round decisivo, el debate, que no combate,
cuando deberán lucir su esgrima, verbal y argumentativa. Mejor guarden algo de esos argumentos, y si se puede, aporten
documentos. No olviden que “el pueblo bueno y sabio”, como dijera un clásico, “nota,
anota y vota”.
... Y ALGO MÁS
Una campaña incansable
No
ha faltado quien sugiera sobrenombres a Christian Castro Bello, sólo que en otros
idiomas. Por respeto al nuestro, tan amplio, tan rico, tan bello, preferimos
concentrarlo en un sólo calificativo: es
un extraordinario candidato. Recio, firme, entrón, y en ascenso por su
energía juvenil, su afabilidad y su facilidad para conectar con sus probables
electores.
Una
mañana, un medio día y parte de la tarde, con José Dolores Brito Pech y Ana
Martha Escalante Castillo, aspirantes a la alcaldía y a la diputación federal,
recorre calles de Hecelchakán y se reúne con su gente. Una larga jornada de contacto
cuidadosamente cercano con los campesinos, con los jóvenes, con las madres de
familia y con la población de esa hermosa porción del Camino Real.
La
gente del campo, generosa como suele ser con quienes la ponen en primer sitio, reconoce
las propuestas a su favor y su ofrecimiento de impulsar en serio la actividad
rural, sector productivo de la mayor importancia. “Campo amigo”, “Jóvenes del
Campo”, y “Concurrencia Agropecuaria Campechana”, son sólo unas muestras.
Después
de su recorrido, sin señales de cansancio y si acaso luciendo un nuevo surco en
el rostro cada vez más bronceado por el calor inclemente y el sol abrasador,
está listo para la “reta” o para la “cascarita”. De regreso a casa, el muchacho
camina calles y avenidas del IV distrito local -el nuestro- de la Ciudad Capital.
Junto a Diana Mena, aspirante a diputada, plantea a los vecinos sus proyectos,
sus ideas, y choca con ellos el puño a modo de saludo.
Tu
Primer Empleo, Titúlate, Secretaría del Deporte, Secretaría del Transporte, Secretaría
para la Mujer, Subsidio parcial a luz eléctrica, también al internet en los hogares
de estudiantes, Inclusión para personas con discapacidad, Seguro de vida para
madres solteras, Guarderías Infantiles, Vivienda, Atención al adulto mayor, Medicinas oportunas,
Prospera, son programas diseñados para los campechanos que Castro Bello expone
con detalle.
Sus
detractores, los de siempre, los que critican y no proponen, aseguran que no
les va a cumplir y se va a olvidar de sus promesas. Gatilleros asalariados o
entes robóticos, justa o injustamente, por diferentes intereses personales o de
grupo, se pelean entre ellos mientras sus candidatos afirman que van a resolver
esto y aquello, pero todavía sin una sola propuesta clara. Los que deciden
están esperando esas propuestas.
Christian
ya puso la muestra de lo que es la unidad agrupando en un frente sólido tres
corrientes políticas disímbolas por naturaleza. Su entusiasmo lo resume en una
frase: “Nada nos va a cansar y por nada
nos vamos detener, sudaremos la camiseta de sol a sol y desgastaremos la suela
de nuestros zapatos de tanto caminar, #ParaDefenderCampeche no habrá descanso”.
A la carga con los celulares
Desde
el sacro altar de sus mañaneras, el presidente, en su incansable lucha contra
las instituciones -no todas, de momento sólo el INE- corrige la plana al
poderoso colectivo, el Congreso. Habrá padrón, sí, pero los biométricos se
limitarán a la huella digital.
Ciertamente
que no es el iris, ni el color de los ojos, ni el largo de las pestañas, ni lo
tupido de las cejas lo que inquieta a los mexicanos, sino el padrón en sí. El
presidente habló, oportuno, ante la posibilidad de que una gigantesca ola de
amparos inunde al poder Judicial. Ciento veintiséis millones no son poca cosa,
¿o sí?

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