sábado, 17 de julio de 2021

DE MUCHO, UN POCO/Tres bellas que bellas son

La primera mitad del siglo anterior, algunos autores consideraban que el alumno enriquecía sus estudios de gramática incluyendo en ella la poesía y la buena prosa. El maestro Joaquín Añorga en su “Manual de Gramática Castellana”, juega con las palabras y la importancia de los signos de puntación en unas décimas a las que tituló Tres bellas que bellas son.
Tres hermanas, Soledad, Julia e Irene, estaban enamoradas de un culto caballero que las visitaba con cierta frecuencia sin que a ninguna declarase su amor. Al paso del tiempo, las muchachas exigieron al galán que tomase una decisión. Acosado, el joven escribió unas décimas sin un solo signo de puntuación. Cada una tendría que hacerlo a su manera y conveniencia.
Tres bellas que bellas son me están pidiendo las tres que diga de ellas cuál es la que ama mi corazón si obedecer es razón diré que amo a Soledad no a Julia cuya bondad persona humana no tiene no aspira mi amor a Irene que no es poca su beldad". Era la décima textual.
Largo transcribir las tres versiones; al final ninguna resultó favorecida. Esta es la del poeta: “Tres bellas que bellas son me están pidiendo las tres, que diga de ellas cuál es la que ama mi corazón. Si obedecer es razón diré que ¿Amo a Soledad? ¡No! ¿A Julia cuya bondad persona humana no tiene? ¡No! ¿Aspira mi amor a Irene? ¿Qué? ¡No! Es poca su beldad".

Un gobernador matemático
Después de ocupar altas responsabilidades en el centro de la república, un viejo y mañoso político fue enviado a gobernar su estado natal. El señor casi no iba a su tierra y por tanto sólo tenía trato cercano con algunas personas. De los pocos que conocía integró su gabinete.
Desconfiado, cada tanto ponía “cuatros” a sus subalternos para evitar alianzas y grupos compactos al interior de su gobierno. Con cualquier pretexto convocaba reuniones al filo de la media noche. Al terminar, con voz queda recomendaba absoluta discreción, y que no compartieran lo tratado ni con su almohada.
La mañana siguiente la prensa daba cuenta exacta de lo tratado la noche anterior. Rato después el señor los llamaba a su oficina uno por uno. Chismes, intrigas, sospechas, y el viejo zorro disfrutando su obra después de que él mismo filtraba la noticia a un reportero de su confianza. Así los mantenía ocupados, preocupados, divididos y desconfiados, pero fieles a él hasta la ignominia.

... Y ALGO MÁS

Latas, latitas y corcholatas
El presidente conoce como pocos de las debilidades humanas. Ejerce férreo control entre sus cercanos, pero sabe que el apetito por el poder tentaría al más leal a jugar a la traición. Consciente de que su proyecto de nación está en riesgo por una oposición cada vez más echada para adelante, decidió tomar las riendas de su propia sucesión, por cierto bastante anticipada.
Como era de esperarse, involucró a alguien de su absoluta confianza, y mujer por aquello de la paridad de género. Muy cercana -la preferida-, Claudia Sheinbaum. Mujer discreta e inteligente, aún con todo el cariño presidencial, aparentemente no se engancha todavía con la idea. En público y quizá de dientes para afuera, sostiene que su prioridad es la Gran Ciudad, mientras refuerza su equipo cercano con gente de línea dura.
También ha sido invitado a la fiesta el Canciller Marcelo Ebrard. No sabemos hasta donde llegaría el presidente para hacerlo su delfín, pero de lo que no existe duda es de su enorme utilidad en todo lo que signifique apaciguar conflictos y enfriar infiernos. Presto, dispuesto  y muy preparado, echará el resto para lograr la candidatura. Para el efecto está integrando equipos, celebrando alianzas no del todo confiables, y hasta engordando un cochinito para la campaña.
El que de plano se lanzó con todo a pesar de que no ha recibido una invitación abierta y sólo pequeñas señales, es el presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Senadores. Ricardo Monreal, el hábil y experimentado político recogió el guante y se lo calzó a su medida. Experto en cuestiones legislativas, ex gobernador y con una importante base de apoyo, se ha ido con todo tras la idea y ha llevado las cosas más allá al afirmar que por Morena o por el partido que lo invite, estará en la boletas.
El mandatario mexicano, un poco al estilo del poeta y sus tres enamoradas, otro poco al del aporreado gobernador que gustaba de dividir para sumar, ya se decidió por la ruta de su alma mater, el Partido Revolucionario Institucional. Pretende regresar a los tiempos del estado obeso, sin límites ni mesura, en el que las obras y las candidaturas se otorgaban a quien le pegaba la gana al presidente.
En tiempos de los “conservadores”, los sucesores salían del ronco pecho de quien mandaba. Lo malo es que el señor, como lo hicieran Díaz Ordaz o Echeverría, se ha autonombrado el supremo “destapador” y el dueño absoluto de su propia sucesión. Ha reducido a sus colaboradores al papel de “corcholatas”, y ya sabemos el destino final de ciertas “latitas” después de cada destape.

Los apoyos a adultos mayores en picada
Es cierto que en su arranque el apoyo a los adultos mayores tuvo una fluidez extraordinaria. En el caso de los jubilados y pensionados, el recurso llegaba a sus cuentas de nómina sin necesidad de llevar a cabo trámite alguno. Bastaba con tener los sesenta y ocho años cumplidos.
Transcurridos apenas dos años de ese momento, las cosas han cambiado diametralmente. Ya no basta con tener la edad cumplida, que además ha sido disminuida. Ahora y en pleno rebrote de la pandemia, los trámites son tediosos, cansados, y a los viejitos los hacen dar muchas vueltas y exponerse abiertamente al contagio del Covid-19.
Ya no existe el trámite automático, es más, ancianos que cumplieron con el requisito de la edad el año anterior, siguen yendo y viniendo de las oficinas de Bienestar. Hay casos en que los han hecho presentar una nueva CURP con el nombre de la señora secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, porque las que firmara Osorio Chong ya no las consideran válidas.
Se sabe de trámites que llevan más de un año de idas y vueltas. Ojalá los famosos siervos de la nación pongan un poco de mayor interés en los ancianos y no vaya a terminar en una reducción en los montos de lo que es ya legítimo derecho. Mejor aún, que el presidente se entere que su gestión elevada a rango constitucional no está resultando como él la pregona.

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