La
primera mitad del siglo anterior, algunos autores consideraban que el alumno
enriquecía sus estudios de gramática incluyendo en ella la poesía y la buena prosa. El
maestro Joaquín Añorga en su “Manual de Gramática Castellana”, juega con las
palabras y la importancia de los signos de puntación en unas décimas a las que
tituló Tres bellas que bellas son.
Tres
hermanas, Soledad, Julia e Irene, estaban enamoradas de un culto caballero que
las visitaba con cierta frecuencia sin que a ninguna declarase su amor. Al paso
del tiempo, las muchachas exigieron al galán que tomase una decisión. Acosado,
el joven escribió unas décimas sin un solo signo de puntuación. Cada una
tendría que hacerlo a su manera y conveniencia.
“Tres
bellas que bellas son me están pidiendo las tres que diga de ellas cuál es la
que ama mi corazón si obedecer es razón diré que amo a Soledad no a Julia cuya
bondad persona humana no tiene no aspira mi amor a Irene que no es poca su
beldad". Era la décima textual.
Largo
transcribir las tres versiones; al final ninguna resultó favorecida. Esta es la
del poeta: “Tres
bellas que bellas son me están pidiendo las tres, que diga de ellas cuál es la
que ama mi corazón. Si obedecer es razón diré que ¿Amo a Soledad? ¡No! ¿A Julia
cuya bondad persona humana no tiene? ¡No! ¿Aspira mi amor a Irene? ¿Qué? ¡No! Es
poca su beldad".
Un gobernador matemático
Después
de ocupar altas responsabilidades en el centro de la república, un viejo y
mañoso político fue enviado a gobernar su estado natal. El señor casi no iba a su
tierra y por tanto sólo tenía trato cercano con algunas personas. De los pocos que conocía
integró su gabinete.
Desconfiado, cada tanto ponía “cuatros” a sus subalternos para evitar alianzas y grupos compactos al interior
de su gobierno. Con cualquier pretexto convocaba reuniones al filo de la media
noche. Al terminar, con voz queda recomendaba absoluta discreción, y que no compartieran lo tratado ni con su almohada.
La
mañana siguiente la prensa daba cuenta exacta de lo tratado la noche anterior. Rato
después el señor los llamaba a su oficina uno por uno. Chismes, intrigas,
sospechas, y el viejo zorro disfrutando su obra después de que él mismo filtraba
la noticia a un reportero de su confianza. Así
los mantenía ocupados, preocupados, divididos y desconfiados, pero fieles a él hasta
la ignominia.
... Y ALGO MÁS
Latas, latitas y corcholatas
El
presidente conoce como pocos de las debilidades humanas. Ejerce férreo control
entre sus cercanos, pero sabe que el apetito por el poder tentaría al más leal
a jugar a la traición. Consciente de que su proyecto de nación está en riesgo
por una oposición cada vez más echada para adelante, decidió tomar las riendas
de su propia sucesión, por cierto bastante anticipada.
Como
era de esperarse, involucró a alguien de su absoluta confianza, y mujer por
aquello de la paridad de género. Muy cercana -la preferida-, Claudia Sheinbaum.
Mujer discreta e inteligente, aún con todo el cariño presidencial,
aparentemente no se engancha todavía con la idea. En público y quizá de dientes
para afuera, sostiene que su prioridad es la Gran Ciudad, mientras refuerza su
equipo cercano con gente de línea dura.
También
ha sido invitado a la fiesta el Canciller Marcelo Ebrard. No sabemos hasta
donde llegaría el presidente para hacerlo su delfín, pero de lo que no existe
duda es de su enorme utilidad en todo lo que signifique apaciguar conflictos y
enfriar infiernos. Presto, dispuesto y
muy preparado, echará el resto para lograr la candidatura. Para el efecto está
integrando equipos, celebrando alianzas no del todo confiables, y hasta
engordando un cochinito para la campaña.
El
que de plano se lanzó con todo a pesar de que no ha recibido una invitación
abierta y sólo pequeñas señales, es el presidente de la Junta de Coordinación
Política de la Cámara de Senadores. Ricardo Monreal, el hábil y experimentado
político recogió el guante y se lo calzó a su medida. Experto en cuestiones
legislativas, ex gobernador y con una importante base de apoyo, se ha ido con
todo tras la idea y ha llevado las cosas más allá al afirmar que por Morena o
por el partido que lo invite, estará en la boletas.
El
mandatario mexicano, un poco al estilo del poeta y sus tres enamoradas, otro
poco al del aporreado gobernador que gustaba de dividir para sumar, ya se
decidió por la ruta de su alma mater, el Partido Revolucionario Institucional.
Pretende regresar a los tiempos del estado obeso, sin límites ni mesura, en el
que las obras y las candidaturas se otorgaban a quien le pegaba la gana al
presidente.
En
tiempos de los “conservadores”, los sucesores salían del ronco pecho de quien
mandaba. Lo malo es que el señor, como lo hicieran Díaz Ordaz o Echeverría, se
ha autonombrado el supremo “destapador” y el dueño absoluto de su propia
sucesión. Ha reducido a sus colaboradores al papel de “corcholatas”, y ya
sabemos el destino final de ciertas “latitas” después de cada destape.
Los
apoyos a adultos mayores en picada
Es
cierto que en su arranque el apoyo a los adultos mayores tuvo una fluidez
extraordinaria. En el caso de los
jubilados y pensionados, el recurso llegaba a sus cuentas de nómina sin necesidad
de llevar a cabo trámite alguno. Bastaba con tener los sesenta y ocho años
cumplidos.
Transcurridos
apenas dos años de ese momento, las cosas han cambiado diametralmente. Ya no
basta con tener la edad cumplida, que además ha sido disminuida. Ahora y en
pleno rebrote de la pandemia, los trámites son tediosos, cansados, y a los
viejitos los hacen dar muchas vueltas y exponerse abiertamente al contagio del
Covid-19.
Ya
no existe el trámite automático, es más, ancianos que cumplieron con el requisito
de la edad el año anterior, siguen yendo y viniendo de las oficinas de
Bienestar. Hay casos en que los han hecho presentar una nueva CURP con el
nombre de la señora secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, porque las
que firmara Osorio Chong ya no las consideran válidas.
Se
sabe de trámites que llevan más de un año de idas y vueltas. Ojalá los famosos
siervos de la nación pongan un poco de mayor interés en los ancianos y no vaya
a terminar en una reducción en los montos de lo que es ya legítimo derecho. Mejor
aún, que el presidente se entere que su gestión elevada a rango constitucional no
está resultando como él la pregona.

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