sábado, 21 de agosto de 2021

DE MUCHO, UN POCO/Gobernadora Electa habemus

Los cielos se abrieron, la tierra tembló, una pertinaz lluvia -como ha sido en las otras dos ocasiones similares- acompañó la epopeya. La señora Layda Elena Sansores San Román, recibía y luego festejaba con sus familiares, amigos cercanos y cientos de fieles seguidores, el reconocimiento como gobernadora electa, a la tercera, la vencida.
Como en un conjuro, no habían transcurrido veinticuatro horas cuando una noticia sacudió al grupo compacto de la ex diputada, ex senadora y ex alcaldesa metropolitana: la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder judicial de la Federación ordenaba un nuevo recuento a los contados y recontados votos de la elección de junio.
Para la simplista visión de este columnista, el asunto tiene sus aristas, afiladas, puntiagudas en extremo. Resulta que, el TEEC no esperó el final del término que la ley le concedía para resolver las impugnaciones y, en cambio, en un acto ultra secreto, apresurado, entregó el documento tres días antes de vencerse el plazo.
El Tribunal Federal se dio prisa también para emitir la resolución de revisar los paquetes electorales del total de los distritos y recontar los sufragios. Lo que son las cosas, si el TEEC hubiera cumplido con los plazos o el TEPJF se adelantaba un día, en este momento no habría Constancia.
Curioso, la resolución respondió a un reclamo del partido Movimiento Ciudadano, sincrónico con los días y plazos de las votaciones, y nada tuvo que ver con impugnaciones a la Constancia que todavía no se presentaban y serían materia de otro procedimiento.
Podría tratarse de una revancha, una respuesta puntual y muestra de fuerza del Trife, encaminada a complicar las cosas al presidente y a su afanosa marcha hacia la destrucción y construcción a modo de los órganos electorales, y de paso ralentizar la consolidación de su icónica arenga de ¡Al diablo con las instituciones!
Para algún mal pensado, un arreglo con MoCi, cediendo Campeche a cambio de diputados para la mayoría calificada que modifique la Constitución a gusto del hombre con mayor poder. “Paris vaut bien une messe”, diría ufano rumbo a la liturgia el hugonote y católico converso Enrique de Borbón, para gobernar Francia pese a ser protestante.
La cuestión es que, a nuestro juicio, el recuento del recuento, generalizado a todos los ámbitos, más que dirigido a descalificar al Tribunal local y anular los efectos de la Constancia, estaría encaminado a clarificar la elección en sí y a legitimar sus resultados. Hay una gobernadora electa y es probable que termine siendo la gobernadora constitucional.
Mientras tanto, las filias y las fobias han aflorado con mayor intensidad que nunca. Los comentarios y declaraciones de los querientes y mal querientes recuerdan una vieja película de guerra ambientada en una provincia francesa ocupada por los nazis.
En el filme en blanco y negro, los aliados y los alemanes, lo mismo entraban en combate que rendían la plaza al bando que las noticias de la radio iban señalando como victorioso. Finalmente, terminaron bailando alegres, fundidos en un abrazo, enterados de que la Gran Conflagración había terminado.
¡Cualquier semejanza de esta película con la realidad, a partir de la noche del quince de septiembre ya no será simple coincidencia!

Llueva, truene o relampaguee
Lenta, paulatina, inevitable, se va desplegando sobre las cabezas de los campechanos una cortina negra, una mantilla oscura que oculta de la vista que la pesadilla del siglo y una de las más grandes de la historia de la humanidad, pese a los avances de la ciencia, se va colocando a la altura del cólera, de la viruela negra y de otras pandemias.
Lo dramático, que en plena era de los avances de la medicina preventiva y de hazañas como las de replicar en millones las vacunas contra el mal, logradas en unos cuantos meses cuando antes costaba décadas, el virus a cada rato cambia de rostro y después de asolar a los adultos y a los enfermos, ahora se ensaña con nuestro mayor patrimonio, los niños y los jóvenes.
Irónicamente, hace un año, con cuarenta casos en una jornada, en semáforo rojo, se ordenaba la restricción de la movilidad social. Ahora, con más de trescientos activos cada día, el gobierno central ha decidido que nos ubiquemos en naranja. La gente organiza fiestas, asiste a sitios públicos, camina por las calles y los niños están a dos semanas de regresar a las escuelas que se muestran destruidas y sin luz ni agua corriente.
En lugar de las prohibiciones de antes, apoyados en ideas de la Unesco, “los niños dejarán los videojuegos peligrosos para reincorporarse a sus salones donde estarán más seguros”. El mexicano más informado, el presidente, eliminó las cartas de corresponsabilidad concebidas “a sus espaldas” por los “de abajo”, inspiradas en las ideas neoliberales de los que estuvieron “arriba”, pero principalmente, “llueva, truene o relampaguee”.

… Y ALGO MÁS

El Carretero Filósofo
Hace algunos días un amigo de la infancia me lo recordó. Habían dormido su rostro y su figura en el fondo de mis recuerdos remotos. Lo conocí en las oficinas de la Dirección del Trabajo del gobierno de José Ortiz Ávila, me parece que en el tercer piso del nuevo y elegante Edificio de los Poderes.
Me lo presentó el titular de la dependencia, el amable, distinguido y elegante maestro Fernando Enrique Angli Lara. No sólo amable, distinguido y elegante, también. dueño de una gran paciencia para soportar la insustancial charla de un chaval de diecinueve años que andaba en busca de empleo.
Es tu paisano, sobrino del amigo Pepe Aranda y nieto del zurdo Ramón González, le dijo al recién llegado. Un hombre de mediana edad, más alto que el promedio de la gente del rumbo y con unos ojos muy claros, tal vez azules. Su vestimenta, contrastantemente, era la propia de la gente del campo: pantalón de dril, huaraches, camisola de mezclilla y sombrero de palma.
Desde entonces lo vi muchas veces, sobre todo cuando viajaba en automóvil a Hopelchén, solo y después con mi familia. Ahí estaba todos los viernes por la tarde en el paradero de autobuses de Ich-Ek.
Con parsimonia se acomodaba en el asiento, delantero, o trasero según el caso, y me saludaba lenta, casi parsimoniosamente con esta frase: “Hola paisano, descendiente del conde de Aranda y el duque de Silva”, y me contaba alguna nueva historia que terminaba justo a la entrada de Hopelchén.
Por hoy dejo el comentario con el nombre del singular personaje: Don Miguel Pinto Sosa, mejor conocido como “El Carretero Filósofo”, amigo cercano de Tata Lázaro y un hombre de enorme cultura a quien la desmemoria de la sociedad mantienen en el olvido. Queda su biografía para otra ocasión.

     

 



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