domingo, 29 de agosto de 2021

DE MUCHO, UN POCO/Viaje corto, penas largas

Nos encontrábamos en Iturbide en compañía de Guillermo, un ayudante ducho para cargar y para darle giro a la manivela que encendía el motor del camión. El plan consistía en realizar tres viajes al día transportando bultos de mazorcas de una milpa a una troje del pueblo. Dos recorridos míos y uno de mi padre. Los primeros dos a cargo del más joven, por supuesto.
Al amanecer, con la compañía del “secre”, enfilé rumbo al maizal distante unos doce kilómetros. Cuentas alegres, papá calculó que estaríamos de regreso a eso de las nueve o diez de la mañana para descargar y emprender el siguiente periplo. Una bifurcación confusa nos sacó del rumbo planeado, para después de un largo retraso reencontrarnos con la ruta, y luego con la milpa.
Cargado el camión, ligero “cran” y de vuelta con la idea de arribar alrededor del medio día para descargar y retornar al milperío. De pronto, el motor se detuvo con brusquedad y un estertor a unos cuatro o cinco kilómetros de la meta. Mi padre había surtido la “Mexolina” necesaria, pero ni una gota para algún imprevisto como la gran vuelta consecuencia de la confusión.
Sin otro remedio, emprendimos la marcha a pie, que calculábamos hacer en una hora o un poco más. Por lo corto que parecía el viaje y esa clase de imprudencias propias de la juventud, no llevábamos siquiera un poco de agua para mitigar la sed. De comer, ni hablemos.
Fue tanto el agotamiento por la caminata bajo un sol abrasador, que en un rato nos vimos en la necesidad de buscar las llamadas “sartenejas” mayas. Se trata de horadaciones en las rocas en las que se deposita algo de agua de la lluvia. Los depósitos estaban secos o semi secos, además, sucios y contaminados y sin posibilidades de ser aprovechados.
El último tramo, al borde del desmayo por la sed y el hambre, lo realizamos en una carrera desesperada hasta la fonda que funcionaba a la vez como tienda y oficina de teléfonos. Ahí se hallaba mi papá frente a un plato de pollo adobado con rebanadas de papas, otro de frijoles de la olla, un “lec” con tortillas, y una jarra de limonada fría que casi le arrebato de las manos.
Saciada la sed, mi padre ordenó otras dos raciones de comida, y con un “ahorita regreso”, enseguida salió del sitio. Efectivamente, tiempo después retornó con un recipiente de plástico con un líquido amarillento y un pedazo de  manguera que puso en mis manos.
Con parsimonia y una sonrisa picaresca indicó: “vayan por el camión, dejen la carga y regresen a su segundo viaje. De prisa para que no les “agarre” la noche. No olvides soplar el tanque y ahogar el carburador con la mano para que abran las espreas”. “Guillermo, creo que mi viaje no lo vamos a poder dar hoy”.
¡Una gran lección existencial y una enseñanza vital en la ruta para ser hombre!

Señor Presidente, ya no se exponga
Por cuestiones de trabajo, a fines de los sesentas y principios de la siguiente década, alternaba frecuentemente con gente de uniforme. Entonces, un presidente de los Estados Unidos, de elevada estatura, seguido se golpeaba la cabeza con la puerta del avión. Rodó por las escalinatas de la aeronave, y hasta sufrió salpicaduras de pintura en la espalda del traje oscuro.
Uno de esos uniformados que por cierto había servido algún tiempo en el ahora desaparecido Estado Mayor Presidencial, totalmente convencido, afirmaba que aquello jamás ocurriría al primer mandatario de nuestro país. La razón, la barrera y escudo que ese cuerpo constituía para su seguridad, y también para su figura y compostura.
Su vida -decía-, debemos salvaguardarla aún a riesgo de la nuestra. Pero también, estamos comprometidos a evitar eventos en los que además de su integridad física se exponga su propia personalidad. En síntesis, preservarle de participar en cualquier acontecimiento que mueva al ridículo, a la burla o al escarnio.
Todavía no se daba aquel vergonzoso a la vez que riesgoso momento en la Universidad Autónoma de México que, además de hacer peligrar al presidente Echeverría, lo exhibió con la frente sangrante a consecuencia de una pedrada, y con la figura descompuesta en su loca carrera para ponerse a salvo saltando ventanas prácticamente entre las piernas de sus custodios.
La lección parece no haberse aprendido del todo, y para muestra fehaciente, el bloque0 que el último viernes del mes hicieran al paso del presidente López Obrador en Chiapas. Su mañanera se realizó sin él físicamente y de manera remota, encerrado en su lujosa camioneta. Lo peor, la intención de ridiculizarlo por parte de uno de los activistas que lo acusó de ser su maestro en el arte del bloqueo a cambio de quinientos pesos para cada manifestante.
El presidente de México no puede ser rehén de nadie y hemos atendido a los maestros, vamos a seguir atendiendo y he hablado y reunido en diez ocasiones con la CNTE”, dijo López Obrador. Afirmó que muchos simpatizantes de su 4T se acercaron a saludarlo. Impensable la tragedia que se hubiera producido si éstos se enfrentaban a los organizadores del bloqueo.
Peor aún, lo que hubiera ocurrido si los encendidos manifestantes en lugar de los quinientos pesos acostumbrados hubiesen recibido mil veces esa cantidad, que para cualquier extremista resultaría una bicoca. Si esto se daba con el presidente viajando en su viejo Tsuru con Nico al volante en lugar de su camioneta blindada, en este momento los “adversarios” estuvieran siendo crucificados y el país sumergido en una enorme crisis constitucional.
¡Señor presidente, por usted, por nosotros, por México, por favor, ya no se exponga!

… Y ALGO MÁS

Los cambios en el Tren Maya
Llámenle nostalgia por los tiempos idos, o un enorme interés por ser testigo de la carrera de un moderno ferrocarril encima de acerados rieles. El transporte que cambió la historia del vecino país del norte, de costa a costa y de frontera a frontera, regresaría a nuestro estado.
Romanticismo, deseo de progreso o nostalgia, siempre me ha animado la idea de que el territorio campechano vuelva a ser atravesado en un nuevo derrotero por una máquina veloz arrastrando vagones cono veía en la juventud con el Rápido, con el Autovía o con el Mixto.
Un gobernador del siglo pasado, refiriéndose a alguna construcción que afectara viviendas de campechanos y con ellas su patrimonio, afirmó que “si una obra amenaza una sola vivienda, la obra se cambia, se modifica o se pospone”. Entonces como ahora, a cada quehacer oficial se oponen a veces la política, el humanismo, o la razón, o los tres.
Así sucede con la ruta inicial trazada para el Tren Maya, y en particular en el conflicto con el colectivo “Los tres barrios” que, junto con los existentes con agrupaciones campesinas, amenaza retrasar indefinidamente y hasta impedir la consecución de la obra.
¡Expropiación por causa de utilidad pública!, claman algunos dando a la complicada figura jurídica el nombre que les viene en gana. Así fue con los imaginativos “nuevos urbanistas” que propusieron picota y marro contra el edificio de un partido político y su filial. Ni se imaginan lo largo y complicado que resultan estos pleitos que con frecuencia no tienen un final feliz. Hay evidencias de pequeñas casas en medio de enormes construcciones.
Nada sucederá si se desvía la ruta y se dejan en paz los rieles y el derecho de vía que son históricos y parte del cotidiano panorama. La gente seguirá habitando sus casas y ya no se apostará a un litigio largo que retrase y tal vez impida concluir la obra en este gobierno.
Como sucede en cada crisis, habría oportunidad de desarrollar una parte de la ciudad de siempre descuidada. Alrededor de la estación podrían establecerse edificios, viviendas, centros de abasto, albergues, restaurantes y otros espacios atractivos para visitantes y locales.
Además, tomando la idea expuesta por aquel presidente municipal que fuera calificado hace tres años como “la gota que derramó el vaso”, las vías antiguas podrían tener otro fin. Edgar Hernández Hernández habló de un tren suburbano, o algo por el estilo, aprovechando el tendido del viejo Ferrocarril del Sureste.
Ahora que se ha tomado una decisión acertada en el derrotero citadino del "Tren Maya", cobra nueva vigencia la idea. Con vagones adaptados al ancho y tipo de vías y tal vez al concepto de los tranvías turísticos, podría desarrollarse un nuevo proyecto que comunique, a la vez que aporte algo novedoso a los turistas y a los campechanos en general.

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